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No te detengas

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«Date prisa y escápate allá porque nada podré hacer hasta que hayas llegado. Por eso fue llamado Zoar el nombre de la ciudad» (Génesis 19: 22).

SI LOT hubiera obedecido prontamente el mensaje de Dios y huido con prontitud a las montañas como su Señor le había dicho, sin pedir que en lugar de ir a la montaña fuera a la ciudad de Zoar, su esposa también se habría salvado.

Lot estaba advertido del juicio contra Sodoma y las ciudades de la llanura. Sin embargo, se detenía por estar acostumbrado a la comodidad de la ciudad. Mientras vivía en aquella ciudad impía, en medio de la incredulidad, su fe había disminuido. [...] Pero la vacilación y la tardanza de él la indujeron a ella a considerar livianamente la amonestación divina. Mientras su cuerpo estaba en la llanura, su corazón se aferraba a Sodoma y con Sodoma pereció (E. G. White, Patriarcas y profetas, pág. 152).

Es peligroso dilatar nuestra decisión por Dios y posponer la preparación para el cielo, guardando y acariciando los placeres del mundo. Es hora de darnos prisa antes de que Cristo se levante del trono y deje de interceder por nosotros. «El que es injusto, sea injusto todavía; el que es impuro, sea impuro todavía, el que es justo, practique la justicia todavía, y el que es santo, santifíquese más todavía» (Apocalipsis 22: 11). La puerta de la gracia se habrá cerrado y los sellados estarán listos para el encuentro con su Señor.

La gracia divina tiene su límite, tras el cual el transgresor no podrá seguir aferrándose a sus pecados. Cuando se llegue a ese límite, vendrá la ejecución del juicio. Mientras permanezca la misericordia de Dios, hay oportunidad de correr al encuentro con nuestro Salvador. Pero si nos detenemos, corremos el peligro de que la puerta se cierre antes que lleguemos.

Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y de embriaguez y de las preocupaciones de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día, porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de la tierra (Lucas 21: 34, 35).

El mensaje a Lot fue: «Escapa, no mires atrás ni te detengas, para que no perezcas» (Génesis 19: 17). Dios nos insta a separarnos de la impiedad creciente, la depravación y la apostasía, no puede haber transigencia entre Dios y el mundo, no vuelvas atrás para conseguir tesoros terrenales. Mira a Cristo y pon tu fe en él por los siglos.


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