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Lo hizo todo por ti

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«Como él se demoraba, los varones los asieron de la mano, a él, a su mujer, y a sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad» (Génesis 19: 16).

A PESAR DE LA VIDA que la familia de Lot llevaba en la ciudad de Sodoma, Dios extendió su misericordia hacia ellos. Aunque Lot había flaqueado en su fe y se detenía para no salir de la ciudad, Dios hizo todo lo posible por salvarlo y también a los suyos. Les envió la advertencia del juicio, les dio el mensaje de que debían escapar para salvarse, los esperó hasta el amanecer y hasta los tomó de la mano para ponerlos a salvo. Lo único que tenían que hacer era aceptar el mensaje, tomar en cuenta el momento del gran juicio y salir de la ciudad para separarse de la maldad.

Dios no solamente es capaz de salvarnos del peligro del pecado, sino también de ayudarnos a separarnos del mal. Además, nos da fuerzas para vencer al enemigo y mantenernos en pie hasta su venida. ¿No es grandioso nuestro Dios? ¿No ha colocado todo a nuestro alcance? Él murió para salvarnos, vigila nuestros pasos, nos extiende su mano si caemos y mantiene nuestra mirada fija en él. Dios ya hizo todo para salvarnos, entonces, ¿qué estás esperando para entregarte completamente a él?

La esposa se perdió por pequeños detalles, por mirar su hogar terrenal por encima del celestial.

Debemos guardarnos de tratar ligeramente las bondadosas medidas que Dios toma para nuestra salvación [...]. La redención del alma es costosa. Cristo pagó un precio infinito por nuestra salvación, y porque otros la desechen, ninguna persona que aprecie el valor de este gran sacrificio, o el valor del alma, despreciará la misericordia de Dios (E. G. White, Patriarcas y profetas, pág. 153).

No se debe jugar con la luz y el conocimiento que Dios ha provisto a sus hijos. La salvación es seria, por lo tanto, debemos apresurarnos a tomar su mano para huir de las tinieblas. Ya todo está provisto para ser rescatados del mundo y ser salvos en él: «Erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca [...]. Velad, pues, orando en todo tiempo que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del hombre» (Lucas 21: 28, 36).


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