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Las armas de Dios

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«Repartiendo los trescientos hombres en tres escuadrones, puso trompetas en manos de todos ellos, y cántaros vacíos con antorchas ardiendo dentro de los cántaros» (Jueces 7: 16).

DIOS EQUIPÓ a los Israelitas para la batalla contra los madianitas con tres armas: trompetas, cántaros y antorchas. Muchos pensarían que es ridículo presentarse a la guerra con esos objetos porque son muy sencillos. Pero recordemos la historia de David: él se presentó ante el gigante Goliat con una honda y cinco piedras lisas. ¿En Verdad estas armas sirven para la guerra? ¿O son símbolos de la victoria de Dios?

El cántaro simbolizaba una vida quebrantada delante de Dios. La Biblia dice que los 300 hombres que estaban con Gedeón, rodeando el campamento de los madianitas, tocaron sus trompetas y quebraron los cántaros que llevaban en sus manos (Jueces 7: 19). Tal quebrantamiento se asemeja al de una persona cuando tiene un encuentro personal con el Señor. Este hecho representa una vida humilde, que reconoce que es utilizada por Dios, porque de él son los talentos, al igual que la fortaleza, el poder y la gloria. Este episodio nos recuerda que en el hombre no hay mérito alguno, ya que si Dios no interviene en su vida, se hunde en la desesperación y la angustia.

La antorcha representa la unción del Espíritu Santo. Mediante este objeto, los israelitas podían aspirar a una vida inundada del poder del Espíritu Santo. Nuestra vida debe estar llena del fuego del Espíritu para derrotar el poder del enemigo.

La trompeta significaba la alabanza y la adoración que únicamente pertenecen a Dios. Gedeón bajó al campamento de los madianitas con su criado, Fura, y escuchó a un soldado que relataba un sueño a su compañero: «“Veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madián. Llegó a la tienda y la golpeó de tal manera que cayó, la trastornó de arriba abajo y la tienda cayó”. Su compañero respondió: “Esto no representa otra cosa sino la espada de Gedeón hijo de Joás, varón de Israel". Cuando Gedeón oyó el relato del Sueño y su interpretación, adoró» (Jueces 7: 13-15).

Cuando tu vida esté quebrantada y humillada delante del Dios todopoderoso, y te presentes a él con alabanza sincera y una antorcha encendida, no habrá poder del enemigo que pueda tocar tu vida para destruirla.


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