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La importancia del sello de Dios

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«Habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa» (Efesios 1: 13).

EL SELLO de Dios que es colocado en la frente tiene que ver con nuestras convicciones, creencias y fe. Este sello tiene que ver tanto con la aprobación de Dios como con la firmeza con que lo amamos y aceptamos. ¿Cuán firmes estamos en lo que creemos? ¿Lo hemos aceptado por fe? ¿Estamos dispuestos a sufrir todo por causa de él? Cuando nuestras convicciones son inamovibles, podemos decir como Job

Yo sé que mi Redentor vive, y que al fin se levantará sobre el polvo, y que después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios. Lo veré por mí mismo, mis ojos lo verán, no los de otro. Pero ahora mi corazón se consume dentro de mí (Job 19: 25-27).

El apóstol Pablo sufrió con la enfermedad de sus ojos:

Tres veces he rogado al Señor que lo quite de mí. Y me ha dicho: bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por lo tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades para que repose sobre mí el poder de Cristo (2 Corintios 12: 7-9).

Llegó a entender que Dios lo había llamado y que le pertenecía a él, por lo tanto, debía permanecer en Cristo hasta el final de su carrera cristiana.

El sello es una garantía para el creyente, una seguridad de vida eterna. Cuando Dios coloca su sello en nosotros, le pertenecemos para siempre al permanecer a su lado. Únicamente los que hayan obtenido el sello de Dios escaparán de su ira y del efecto de las siete últimas plagas. En contraposición está el sello de Satanás, mismo que tratará de colocar en la mano derecha o la frente de todos los que cedan a sus artimañas, lo que afectará la fe y las acciones de los que intentan estar cerca de Dios. Desafortunadamente, a muchos engañará y caerán en sus redes. Dios advierte que todos los que acepten esa marca beberán de su ira.

Como observa E. G. White:

¿Qué estáis haciendo hermanos, en la gran obra de preparación? Los que se unen con el mundo reciben su molde y se preparan para la marca de la bestia. Los que desconfían de sí mismos, se humillan delante de Dios y purifican sus almas obedeciendo a la verdad, son los que reciben el molde celestial y se preparan para tener el sello de Dios en sus frentes. Cuando se promulgue el decreto y se estampe el sello, su carácter permanecerá puro y sin mancha para la eternidad (E. G. White, Joyas de los testimonios, t. 2, pág. 70).


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