Regresar

La palabra de Dios está ante nosotros

Matutina para Android

Play/Pause Stop
«Muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas» (Deuteronomio 30: 14).

DIOS LE DICE AL PUEBLO DE ISRAEL:

Mi Palabra no está en el cielo para que digas: «¿Quién subirá por nosotros al cielo, nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos?». Ni está al otro lado del mar, para que digas: «¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos?». Pues muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas (Deuteronomio 30: 12-14).

Además, Dios dice que su palabra no es demasiado difícil para ti, ni está lejos de ti. Ha hecho todo para que esté en lo más íntimo del corazón del hombre. La ha hecho llegar hasta nosotros, nos ha envuelto con ella, ha ungido nuestros labios con su palabra y la ha escrito en la mente y el corazón. Entonces, todo depende de qué queremos hacer con la palabra de Dios puesta en nosotros. ¿La aceptaremos y la pondremos por obra? ¿La guardaremos como Dios lo ha indicado? ¿O la rechazaremos, dejando un corazón vacío y sin sentido?

Por su palabra fueron hechos los cielos y la tierra, por su palabra son sostenidos. El salmista declaró:

La ley de Jehová es perfecta: convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel: hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos: alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro: alumbra los ojos. El temor de Jehová es limpio: permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad: todos justos. Deseables son más que el oro, más que mucho oro refinado, y dulces más que la miel, la que destilla del panal [...]; en guardarlos hay gran recompensa (Salmos 19: 7-11).

Cristo está en la palabra, el Espíritu Santo está en la palabra; Cristo es la palabra que nos salva y nos redime del pecado. Juan menciona: «En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la dominaron» (Juan 1: 4, 5).

Esa palabra que es Cristo está muy cerca de nosotros. No necesitamos buscarla muy lejos, Dios la ha escrito en el corazón que lo ha aceptado. Está en la mente, en los sentimientos de amor y comprensión. «Las cosas secretas pertenecen a Jehová, nuestro Dios, pero las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, a fin de que cumplamos todas las palabras de esta ley» (Deuteronomio 29: 29).

Pidamos a Dios este día un corazón receptivo de su palabra y que esa palabra transforme nuestra vida para Cristo.


Envía tus saludos a: