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Cristo triunfó en el Edén

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«Dios hizo para el hombre y su mujer túnicas de pieles, y los vistió» (Génesis 3: 21).

DESDE EL PRINCIPIO, cuando el hombre falló y se encontró en medio de la batalla entre el bien y el mal, Dios prefirió salvarlo que perderlo. Lo rescató de la vergüenza en que se encontraba sumido. Fue así que cuando Adán y Eva se escondieron de su presencia, Dios fue en su búsqueda y los vistió de lo mejor que tenía: túnicas de pieles.

Dios no es vengativo, ni arbitrario, ni tirano. Es justo, razonable y correcto. Prefirió hacer de un hombre y una mujer caídos y maltrechos, con sentimientos de culpa muy fuertes, un hombre y una mujer redimidos para el cielo.

¿No podría Dios haber eliminado lo que estaba contaminado por el pecado y hacer de nuevo las cosas, un hombre y una mujer, como al principio? Claro que sí, pero su amor es tan grande que prefiere trabajar más para hacer de lo que se perdió, algo rescatable y hasta perfecto como él.

Esa es la razón por la que los sacó del huerto con protección divina. Los mantuvo a su lado todo el tiempo que vivieron. Formaron una familia y establecieron una generación para el mundo, llena de arte, sabiduría y ciencia.

Satanás los reclamaba como suyos pero Dios no se lo permitió, por eso dijo: «Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tu la herirás en el talón» (Génesis 3: 15). Así, Dios estableció las reglas.

Adán y Eva se levantaron de donde estaban caídos y volvió a ellos la esperanza de vivir. No importa en qué situación te encuentres. No puedes estar peor que nuestros primeros padres; si ellos se levantaron y fueron rescatados, a ti también la sangre de Cristo derramada en la cruz del Calvario te puede rescatar, renovar. Levántate, ve a Cristo, él tomará tu vida, la hará nueva y la llenará de su Santo Espíritu para el día de la redención.


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