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Cristo triunfó en la cruz del Calvario

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«Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo la tierra tembló las rocas se partieron» (Mateo 27: 50, 51).

DESDE EL PRINCIPIO, Cristo Jesús ha librado una lucha con Satanás a tal grado que en su niñez quiso destruirlo. Cuando comenzó su ministerio, se le acercó para tentarlo y hacerlo caer. Durante su vida de servicio, muchas veces fue perseguido por sus enemigos. Judas, un instrumento de Satanás, lo entregó a la turba que lo perseguía para matarlo. Fue llevado para ser juzgado ante el consejo. Luego, ante Poncio Pilato para ser sentenciado a muerte.

Satanás indujo a la turba cruel a ultrajar al Salvador. Era su propósito provocarle a que usase de represalias, si era posible, o impulsarle a realizar un milagro para librarse y así destruir el plan de la salvación. [...] La ira de Satanás fue grande al ver que todos los insultos infligidos al Salvador no podían arrancar de sus labios la menor murmuración (E. G. White, El Deseado de todas las gentes, págs. 678, 679).

Jesús sufrió mucho ante el juicio terrenal, su corazón dolía y su pena era muy grande. Satanás se regocijaba al verlo sufrir. Creía que lo había vencido en la cruz; que el dominio del mundo era totalmente para él y la humanidad le pertenecía.

En el desierto de la tentación, en el huerto del Getsemaní y en la cruz, nuestro Salvador cruzó armas con el príncipe de las tinieblas. Sus heridas llegaron a ser los trofeos de su victoria a favor de la familia humana (White, Profetas y reyes, pág. 517).

Cristo no se apartó un ápice de la voluntad de su Padre. Con fortaleza celestial resistió el ataque de Satanás. Al morir en la cruz y sufrir el peor castigo, aseguró nuestra salvación. Ahora sí podemos ser restaurados. Con su resurrección y la ascensión al cielo, derrotó al enemigo, lo puso bajo sus pies. Al morir, Cristo venció el poder de la muerte; al resucitar, abrió para sus seguidores las puertas del sepulcro. El apóstol Pablo declara: «Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es al diablo» (Hebreos 2: 14).

Ahora somos más que vencedores por medio de nuestro Señor E. G. White dice: «Jesús espera que sus discípulos sigan. Sus pasos, soporten lo que él soportó, sufran lo que él sufrió, venzan como él venció. Él está esperando ansiosamente ver a sus seguidores profesos manifestar el espíritu de abnegación y renunciamiento» (White, Consejos sobre la salud, pág. 512).


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