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Josué, el hombre fuerte de Dios

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«Jehová dijo a Moisés: "Toma a Josué hijo de Nun, hombre en el cual hay espíritu, y pon tu mano sobre él” [...]. Puso sobre él sus manos y le dio el cargo, como Jehová había mandado» (Números 27: 18, 23).

CUANDO DIOS llamó a Josué para que ocupara el lugar que dejaba Moisés, lo llamó por su humildad y ser esforzado y valiente. Además, había estado con Moisés como su siervo por muchos años y tuvo el privilegio de estar en el monte Sinaí, cerca de la presencia de Dios. Había otros hombres que bien podían haber ocupado su lugar, pero Dios conocía el camino que llevaría el pueblo, sus desafíos y los obstáculos que tendrían que afrontar. Vio en Josué un corazón dispuesto. Dios lo usó y cumplió en él el propósito de introducir al pueblo de Israel en la tierra de Canaán. Tanto Moisés como Josué conquistaron territorios, pero en el tiempo de Josué, se necesitaba mucha valentía y sobrado esfuerzo para limpiar la tierra de los pueblos paganos. Estaba en Josué el Espíritu de Dios y parte de la dignidad de Moisés fue transferida por orden de Dios (Números 27: 20). Además, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él (Deuteronomio 34: 9).

El esfuerzo y la valentía son cualidades importantes en la vida del cristiano. La pereza y la cobardía nunca logran nada para el reino de Dios. El vencedor heredará todas las cosas, pero los cobardes e incrédulos tendrán su parte en el lago de fuego en el juicio final (Apocalipsis 21: 7, 8). «Ninguno que, habiendo puesto su mano en el arado, mira hacia atrás es apto para el reino de Dios» (Lucas 9: 62). Por eso, a Josué se le pidieron sencillez y entrega para cumplir una misión riesgosa e importante. Cuando Dios nos rescata, no debemos escondernos en un rincón, sino hacernos socios del ser más grande del universo.

Se necesitan esfuerzo y valor para conquistarnos a nosotros mismos, cambiar un hábito, ser transformados, seguir a Cristo y dejar el mundo a un lado. Dios no nos dio espíritu de cobardía sino de poder, para enfrentar al enemigo, vencer al poder de las tinieblas a lado de Cristo. Oremos por que haya en nosotros el Espíritu de Dios, como lo estuvo con Josué, y con esfuerzo y valor nos preparemos para entrar en la Canaán celestial.


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