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Cerrar las puertas al enemigo

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«Mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña» (Mateo 13: 25, 26).

LA PARÁBOLA del trigo y la cizaña nos enseña que hay que estar velando todo el tiempo, de día y de noche, y cerrar las puertas y las ventanas. Hay hombres y mujeres fieles en la iglesia que pueden ser contaminados de falsos conceptos de la verdad presente. Si estamos alertas, velando y orando, el enemigo no entrará, y si entra, saldrá pronto.

La cizaña es bien parecida al trigo durante las primeras fases de crecimiento. Aunque la cizaña estorba al trigo, también la hace más hermosa de contemplar. No es posible separar el trigo de la cizaña, deben crecer juntos; porque como dice Jesús, al recoger la cizaña se corre el riesgo de arrancar también el trigo. El trigo se fortalece cuando la cizaña le hace presión y la aprieta, porque la fe del creyente se agiganta cuando las pruebas llegan en el momento que no lo espera, pero soporta porque Dios está allí a Su lado y los ángeles fortalecen su mano.

La semilla buena, la de trigo, es sembrada por Dios. Pero sabemos también que en este mundo el enemigo viene a robar, matar y destruir. Viene, y siembra cizaña junto al trigo, porque su propósito es destruir la obra del sembrador, el Señor.

Si mantenemos cerradas las puertas de las avenidas del alma, será menor la intromisión del enemigo, y si mantenemos una comunión permanente con Cristo, aunque haya cizaña a nuestro lado, nos mantendremos firmes hasta el día de la siega, cuando guardará el trigo en su granero.


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