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Que Jesús nos toque para reavivarnos

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«Extendiendo el ángel de Jehová el cayado que tenía en su mano, tocó con la punta la carne y los panes sin levadura, y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Luego el ángel de Jehová desapareció de su vista» (Jueces 6: 21).

GEDEÓN pidió a Dios una señal de su llamado, diciendo: «Si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que has hablado conmigo» (Jueces 6: 17). Pidió tiempo para llevar su ofrenda y Dios se lo concedió. Puso delante de Dios un cabrito guisado y panes sin levadura, y los colocó sobre una peña de acuerdo a la indicación del ángel. Ahí, aquel extendió el cayado que traía en su mano, tocó con la punta la ofrenda y una llama de fuego que brotó de la roca consumió el sacrificio. El que la consumió era Dios. Después de esa muestra de su divino carácter, el ángel desapareció.

El ángel del Señor en el Antiguo Testamento y principalmente en esta escena, es Cristo Jesús comunicando su mensaje a los humanos. Fue el mismo que visitó a Abraham para comunicar la promesa de una gran nación. Cristo se le aparece la segunda vez a Gedeón:

«Paz a ti; no tengas temor, no morirás». Estas preciosas palabras fueran dichas por el mismo compasivo Salvador que dijo a sus discípulos sobre el mar tormentoso: «¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!» (Mateo 14: 22). Era aquel que también apareció a los afligidos discípulos en el aposento alto y les dirigió las mismas palabras que dirigió a Gedeón: «Paz a vosotros» (Lucas 24: 36) (E. G. White, La verdad acerca de los ángeles, pág. 19).

Así como Jesús tocó la ofrenda y fue consumida por el fuego, así es necesario que nos toque para ser consumidos por el fuego del Espíritu Santo, ser purificados y santificados para el cielo. San Lucas menciona que los padres llevaban a su hijos para que Jesús los tocara (Lucas 18: 15). El toque de Jesús bendice, así como los panes de la cena del Señor, como los peces y los panes de la alimentación de los cinco mil. El toque de Jesús sana, como sucedió con el ciego de Betsaida a quien le rogaron que lo tocara. El toque de Jesús transforma y reaviva, nos coloca en sintonía con Dios, nos hace nuevas criaturas, con un corazón nuevo y un espíritu recto dentro de nosotros. Pide hoy que Dios te toque.