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Dios nos ayuda a comprender la Palabra

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«Les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras» (Lucas 24: 45).

LA PALABRA DE DIOS es una fuente inagotable de sabiduría y conocimiento. Los mortales tenemos una mente finita para tratar de comprender todo lo que las Escrituras dicen de Dios. Muchas veces no las entendemos, pero Dios ha prometido que así como abrió el entendimiento de los discípulos para que comprendieran su resurrección y la misión de su iglesia en la tierra, él hará lo mismo por nosotros.

Al estudiar las Escrituras, debemos orar fervorosamente para que Dios alumbre el entendimiento, porque el Espíritu Santo inspiró las Escrituras, y ellas son una revelación de Dios. Experimentemos las palabras del salmista: «La exposición de tus palabras alumbra, hace entender a los sencillos» (Salmos 119: 130). William Miller dijo: «Me convencí que la Biblia es un sistema de verdades reveladas dadas con tanta claridad y sencillez, que el que anduviere en el camino trazado por ellas, por insensato que fuere, no tiene por qué extraviarse» (E. G. White, El Conflicto de los siglos, pág. 320).

Los ángeles comandados por Cristo nos ayudan a entender las Escrituras. Un ejemplo maravilloso lo encontramos con el profeta Daniel, cuando quedó turbado y enfermo por la visión que se narra en el capítulo 8 de su libro. Volvió su rostro a Dios, lo buscó en oración y ruego, con ayuno, lágrimas y ceniza. Se postró para orar y confesar los pecados del pueblo y de su vida. Cuando estaba hablando, orando y confesando, con presteza llegó el ángel Gabriel para que entendiera la visión: «Me hizo entender, y habló conmigo diciendo: “Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento [...]. Yo he venido para enseñártela”» (Daniel 9: 3, 4, 22, 23).

No existe nada mejor para fortalecer el intelecto que el estudio de la Santa Escritura. Ningún otro libro es tan potente para elevar los pensamientos y dar vigor a las facultades como las vastas y ennoblecedoras verdades de la Biblia. Si se estudiara la Palabra de Dios como es debido, los hombres tendrían una amplitud mental, una nobleza de carácter y una firmeza de propósito que raramente pueden verse en estos tiempos (E. G. White, El camino a Cristo, pág. 120).

Pidamos a Dios que abra nuestro entendimiento para comprender su Palabra.


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