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El Diseñador maestro

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"Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, o la honra y el poder, porque tú creaste todas los cosas: por tu voluntad existen y fueron creadas" (Apoc. 4: 11).

¡Qué lugar glorioso debió de haber sido el Edén! Cuán gratificante y placentero habrá sido para Adán y Eva habitar ese lugar, y cuidarlo junto con las criaturas que vivían allí. Hoy estamos muy lejos del Edén y el pecado ha dejado su marca. Sin embargo, aunque está manchada, todavía se puede ver la huella divina.

Desde el sillón mecedor de nuestra sala de estar, tenemos una vista panorámica del patio trasero y los bosques que están detrás. Para mí, la huella de Dios es evidente allí. Desde los fabulosos robles, que se alzan mucho más altos que nuestra casa de dos pisos, al joven y pequeño arce, podemos ver los detalles únicos de cada especie. La forma de las hojas, la textura de la corteza y el contorno de las ramas identifican a cada una. Las hojas y las flores de las plantas más pequeñas varían en tamaño, forma y color, distinguiéndose de los demás y mostrando su belleza única.

Ardillas rojas, negras y grises, con colas vistosas, y diminutas ardillas listadas, con abrigos maravillosos, elijen nuestro terreno como lugar donde tomar agua y comer las semillas que caen de los comederos para aves. Sus travesuras nos deleitan. Solo un Diseñador maestro pudo haber dado a la ardilla la habilidad de trepar verticalmente y saltar de un árbol a otro a alturas vertiginosas, sin caerse. Y ¿cómo esas pequeñas ardillas listadas tienen la fuerza para cavar huecos debajo de la tierra?

¿Quién les dice a los cervatillos con pelajes salpicados y al ciervo adulto cuándo cambiar el color de sus pieles?

Alimentar a las aves nos trae mucho gozo. Llegan de todos los tamaños; desde los enormes pavos salvajes que se pavonean en el bosque con sus pequeñas crías, a los diminutos colibríes, que colectan néctar de las flores que tenemos en el porche. Muchas variedades, con sus hermosas plumas coloridas, pasan por nuestros comederos. Cada una de ellas está equipada con el tipo adecuado de pico, patas y alas para suplir sus necesidades. ¿Cómo saben cuándo el comedero tiene alimento y cuándo está vacío?

Al examinar de cerca la naturaleza, ¿Cómo puede alguien creer que no hay un Dios? No tenemos que mirar muy lejos para ver evidencias abrumadoras de un Diseñador maestro. En mi mente, la evolución es un engaño. El Dios del universo es el Creador de toda la naturaleza. Eso es lo que creo, y no va a cambiar. ¡Espero que tú creas lo mismo!

MARIAN M. HART


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