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Una lección sobre la espera

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"Pon tu esperanza en el Señor, ten valor, cobra ánimo; ¡pon tu esperanza en el Señor!” (Sal. 27: 14).

Cuando me mudé a Charlotte, Carolina del Norte, no tenía idea de que en ese pueblo pintoresco mi fe sería fuertemente probada. Luego de buscar trabajo y no tener éxito, decidí volver a mi empleo en Nueva York. Sin embargo, tres días antes, me enteré de que había disponible un puesto docente de medio tiempo en un colegio local. ¿Debía renunciar a un trabajo con beneficios y años de experiencia, a cambio de un trabajo de medio tiempo sin beneficios? Pedí a Dios que hiciera que la directora me ofreciera un trabajo inmediatamente. Y así fue. Luego de un día de oración, acepté. No tenía forma de saber que el Señor planeaba usar este trabajo de medio tiempo para ayudarme a aprender una lección sobre la espera.

Comencé enseñando seis clases en septiembre. Para marzo, enseñaba solo tres y, después de abril, ninguna. ¡Nuevamente estaba desempleada! Sin embargo, en octubre, uno de mis colegas me contó sobre un puesto de tiempo completo en otro colegio. Mandé una solicitud, pero nunca me contestaron. Decepcionada, pasé el verano desempleada. Hasta que la directora del puesto de medio tiempo me pidió que volviera a trabajar en septiembre. Sin embargo, sería la misma rutina: seis clases en septiembre y ninguna después de abril.

Oré pidiendo un puesto docente de tiempo completo con beneficios, pero las noticias sobre los despidos en educación me desanimaron. Me pregunté cuánto tiempo me iba a hacer esperar Dios. Pero, en medio de esta situación, decidí que era un buen momento para fortalecer mi relación con el Señor y confiar completamente en él. Él actuaría algún día.

Cuando, en abril, el trabajo de medio tiempo estaba a punto de terminar, no sabía si lograría pasar otro verano, incluso considerando los beneficios de desempleo. Tres días antes de concluir con ese trabajo, recibí una llamada del administrador del colegio al cual había contactado en octubre del año anterior.

-Agnes, ¿todavía te interesa en un puesto docente en nuestro colegio?

Apenas pude tartamudear una respuesta, por el asombro que sentía. Después de la entrevista, Dios medio ese trabajo de tiempo completo.

Ahora entiendo que, cuando Dios nos dice que esperemos, no responde en nuestros tiempos, sino en los suyos. Durante ese tiempo de incertidumbre, gracias a Dios y a mi familia, nunca pasé hambre y las cuentas fueron pagadas. Agradezco a Dios por enseñarme una gran lección sobre la espera.

AGNES VAUGHAN


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