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El pavo real blanco

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“Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido" (1 Cor. 13: 12).

Las puertas del frente de mi casa tienen hermosos paneles de vidrio. A mí me encanta la elegancia de los diseños de labrado. A mi mamá le gusta el hecho de que, aunque nosotros podemos mirar hacia afuera, nadie puede ver hacia adentro. Esta mañana encontramos otra razón para disfrutar de nuestras puertas con paneles de vidrio.

A través de esas puertas, vi lo que pensé que era el gato blanco de nuestros vecinos. Pero, cuando fui a abrir la puerta, me encontré con una asombrosa exhibición de color. Me visitaban tres pavos reales; dos de ellos eran de color esmeralda, con las plumas azul brillante que los hicieron famosos. Pero lo que más llamó mi atención fue el pavo real totalmente blanco que estaba con ellos; sus ojos oscuros me aseguraron que no era albino. Me quedé pasmada observándolo mientras él caminaba por el jardín de rosas, notando las diferentes variedades… o eso parecía. Cuando comenzó a comer pimpollos, mi deleite se convirtió en descontento y tuve que espantarlo.

Pero ¡qué bendición! Cuando lo observé con los otros dos, me vino a la mente una frase del texto bíblico de hoy: "Ahora vemos de manera indirecta y velada". Aunque en este versículo la palabra "velada" se usa como haciendo referencia a un espejo, me gusta pensar en un vidrio. Pude recordar que mi entendimiento y mi relación con Dios están borrosos. No lo conozco realmente.

En su libro más famoso, Elena de White me recuerda que hay una manera de conocerlo mejor "La naturaleza habla sin cesar a nuestros sentidos. El corazón que esté preparado quedará impresionado por el amor y la gloria de Dios según los revelan las obras de sus manos" (El Camino a Cristo, p. 85).

Agradecía Dios por haber traído a mi mente esta preciosa lección con el pavo real blanco. Él había unido esta ave con una verdad, recordándome que la belleza es más que apariencia; que la pureza se ve reflejada en el carácter y las acciones; que su amor es constante, global y supremo.

Ahora, cada vez que paso frente a esas puertas con paneles de vidrio, me hacen recordar la necesidad de dedicar más tiempo a Dios. Pero el versículo de hoy no termina allí. Le sigue la seguridad de que un día lo conoceré tan intensamente como él me conoce a mí. Y esa es una promesa enorme.

"Pero interroga [...] a las aves del cielo, y ellas te lo contarán [...] la mano del Señor ha hecho todo esto" (Job 12: 7-9). ¡El pavo real blanco me lo mostró!

GLENDA-MAE GREENE


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