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Mi pintura

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"Te amo y eres ante mis ojos precioso” (lsa. 43: 4).

Una tarde estaba en un negocio de reventa, mirando los productos; eran una gran variedad de "chucherías", pero nada que realmente me pareciera importante. Entonces, contra la pared del fondo, vi una pintura escénica. Tomé el cartón y examiné la obra. Inmediatamente, me sentí ligada al simbolismo en la pintura. Sin embargo, no tenía marco y me parecía un poco cara. Lentamente, la puse en su lugar, incluso después de que la vendedora me dijera que podía llevármela por la mitad del precio. Buscaré un marco y lo pensaré, me dije a mí misma.

Esa noche, acostada, no podía sacarme la pintura de la mente. No había encontrado un marco, pero igualmente la quería. Jesús me susurró: "Es mi regalo para ti" ¿Por qué no me di cuenta antes de que esa pintura era especialmente para mí? Antes de quedarme dormida, tomé la decisión de que la siguiente vez que fuera a Trenton compraría la pintura. Si Jesús quería que fuera mía, la mantendrían en el negocio.

Unos días después, manejé desde la montaña hasta el negocio de reventa. Tomando mi regalo de la pared del fondo, informé a la joven vendedora:

-Volví para llevarme mi pintura. Dios quiere que la tenga.

-Una mujer miró esa pintura ayer -me contestó-, pero sabía que tú volverías.

Le sonreí, mientras le entregaba el dinero.

-Esta pintura tiene un significado para mí.

Mientras volvía a casa, me sentí muy amada. Quizás algún día encuentre un marco y cuelgue la pintura, pero por ahora está apoyada sobre el piano. Mi pintura retrata el océano y un faro, probablemente, en la costa de Maine. El cielo está lleno de nubes negras y, en el medio, asoma un bellísimo arcoíris. Dos águilas vuelan sobre las olas. La serenidad permea la calma después de la tormenta. El simbolismo toca mi corazón. Jesús es el Faro de mi vida. Por años, los arcoíris han sido recordatorios personales de parte de Dios de su amante cuidado. El año pasado ha sido difícil; hubo varias muertes de familiares y situaciones trágicas. El arcoíris, que es el centro de la pintura, es la promesa de Dios de sacar algo bueno de lo malo, de darme esperanza y un futuro, más allá de las angustias y las tormentas del presente. El Señor también me asegura: "Puedes volar como las águilas".

Jesús me guió hasta esa pintura y me convenció de comprarla, como un mensaje visual. Él está interesado personalmente en mí y entiende mis tristezas y mis anhelos. Soy preciosa para Jesús. Su regalo es muy especial.

BARBARA ANN KAY


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