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El libro que habló

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"Porque tú eres mi protector mi refugio en momentos de angustia" (Sal. 59: 16).

Hace casi dos años, apenas después de haber salido de la adolescencia, Dios me inspiró a realizar cambios drásticos en mi vida cristiana. Decidí renovar mi experiencia cristiana completamente. Comencé a orar más seguido ya leer todos los libros espirituales que podía empecé en la librería cristiana más cercana. Mi vida estaba cambiando, y Dios comenzó a moverse en ella.

Pero estos cambios trajeron consigo pruebas oscuras. El enemigo decidió que no me dejaría descansar, ya que me había propuesto estar cerca de Dios. Lentamente, todo pareció salir mal. Amigos cercanos comenzaron a alejarse de mí, y hasta a traicionarme. Empecé a tener problemas con algunos miembros de iglesia. Dudé de mí misma: seguramente, había algo malo en mí. Las cosas no mejoraban ni siquiera en mi familia. Me deprimí mucho.

Recuerdo haber leído que todos los que viven una vida piadosa sufrirán persecución. Un amigo cercano me alentó, diciéndome que el enemigo estaba tratando de desanimarme porque yo estaba luchando por vivir de manera correcta. Decidí que, si iba a estar a la altura de los requisitos para el cielo, debía entender que la lucha sería parte del camino.

Comencé a pasar noches sin dormir, porque los espíritus malignos me atacaban. A veces tenía que dormir con una luz prendida, como método para disuadir los ataques. Al luchar contra los espíritus en las horas de oscuridad, descubrí que encontraba alivio cuando clamaba el nombre de Jesús.

Una noche, el enemigo planeó una doble porción de angustia. Pero Dios tenía una doble porción de bendición. Me desperté en medio de la noche, cuando mi cama comenzó a sacudirse... y yo no era quien la sacudía. Sabía que había espíritus malignos, porque tenía ese sentimiento intranquilo que había sentido por semanas. Me asusté mucho y, como un niño que necesita a su madre, clamé al Señor. De repente, la habitación quedó en silencio. Me senté, temblando. Al mirar al lado de la cama, vi mi libro devocional y lo abrí. Mis ojos pasaron casi automáticamente sobre varios párrafos, hasta la frase que decía en negrita: "No temas, Dios está contigo". Ante eso, comencé a llorar, y mi corazón se llenó de paz. En ese momento, Dios se me reveló: me habló a través de un libro en una situación llena de problemas. Solamente tenemos que clamar a él y dejar que hable a nuestros corazones.

JUNET S. JACKSON


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