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"Humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas. Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos" (Gál. 5: 23, 24).

¿Cuántas cosas me ha enseñado Dios a lo largo de los años? Diría que incontables. Una de las cosas más importantes que me enseñó es la bondad. Me ha pedido que mirara y escuchara a quienes me rodean, y le pida que me muestre a quién puedo ayudar. ¿Es la señora mayor que está cruzando la calle con una bolsa pesada? Puedo ayudarla a llevar esa bolsa. A veces, siento que debo darle mi asiento en el colectivo a un niño o a un anciano. Debo estar abierta a los impulsos de Dios.

Cuando estudiaba, trabajé duro para poder cubrir las cuotas educativas. A veces, sentía que no iba a lograr pagar la siguiente cuota. Recuerdo un sábado en que alguien me preguntó por qué semana tras semana usaba los dos mismos vestidos en la Escuela Sabática y el culto divino. Mi suave respuesta fue: “Eso es todo lo que tengo" sentía lástima de mí misma. Aunque, como siempre, Dios ya me estaba ayudando. Me estaba ayudando de dos maneras: estaba aprendiendo a confiar en él y me estaba dando una amiga que lo escuchaba a él.

Un día, esta amiga llamó a la puerta de mi habitación en el internado. Cuando le abrí, llevaba una gran caja. Parecía estar un poco tímida, y eso me parecía extraño, porque era una persona dulce y maravillosa. Todos estábamos felices de que fuera nuestra amiga. Me preguntó suavemente:

-¿Te gustaría la ropa que hay en esta caja? "Voy a tener ropa nueva. Mi abuela quiere comprarme algunos conjuntos nuevos y no necesito estos. ¿Los quieres?

¡Sí los quería! Estaba muy emocionada, y le agradecí mucho por su regalo. Nos abrazamos y ella se fue.

Ahora tenía más que suficientes vestidos para el siguiente año, y aún más. ¡Más de dos vestidos para usar en la iglesia! Esta amiga continúa siendo una persona muy especial para mí, y oro para que ella sepa qué grande y amable fue el gesto que tuvo para conmigo aquel día.

Quiero ser fiel a lo que Dios me pida que haga. Generalmente, llama mi atención con una suave voz, y oro para no perder ninguna oportunidad de ayudar a otros y verlos con los ojos de Dios. Otra versión de la Biblia traduce el pensamiento de hoy de la siguiente manera: "En cambio, el Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que esté en contra de todo esto. Y los que somos de Jesucristo ya hemos hecho morir en su cruz nuestro egoísmo y nuestros malos deseos" (Gál. 5: 22-24, TLA). ¿No es esto lo que todos queremos?

 

SUSEN MATTISON MOLE


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