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Palabras de sanidad para un corazón quebrantado

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“Porque el que te hizo es tu esposo. Su nombre es el Señor Todopoderoso. Tu Redentor es el Santo de Israel; ¡Dios de toda la tierra es su nombre!" (Isa. 54: 5).

Habíamos estado casados por quince años, cuando mi esposo me pidió el divorcio. Yo estaba devastada, pero había presentido que este momento llegaría, pues nos habíamos distanciado hacía ya mucho tiempo. Había orado, pidiendo al Señor guía y consuelo, y su Palabra me indicó que perseverara y soportara. Así que, traté de trabajar en mi matrimonio por tres años más. El hecho de que teníamos dos hijos adolescentes solo volvía la situación más difícil, pero me aferré de las promesas de mi Salvador. Lamentablemente, sucedió lo inevitable, y no hubo nada más que pudiera hacer para salvar una relación que se había terminado muy poco tiempo después de su comienzo.

Estaba enojada conmigo misma y con Dios. Sentí que Aquel en quien había confiado me había defraudado, y estaba decepcionada en cuanto a las esperanzas y los sueños que había atesorado.

Clamé a mi Redentor rogando perdón, ánimo y sabiduría. Dios no me había fallado, aunque yo me sentía un fracaso y una perdedora. Cada día recibí de su Palabra la seguridad de su amor y su fidelidad. Le pedí sus bendiciones, y que cuidara de mis hijos, quienes eligieron vivir con su padre. Dios me dijo que no me condenaba y que no tenía nada que temer. Me contó de su amor eterno, que no puede ser sacudido, y de su pacto de paz, que no quitaría. Me prometió que el Señor mismo sería el Maestro de mis hijos, y que tendría paz. Me aseguró que no tenía nada que temer y que refutaría toda lengua que me acusara. Él me vindicaría (ver Isa. 54).

Nada puede separarme de su amor (Rom. 8: 35). Me dijo que sus planes tienen el propósito de prosperarme, de darme esperanza y un futuro mejor (Jer. 29: 11).

Él me recuerda que soy preciosa para él y honrada a sus ojos. Él me ama. Me ha llamado por nombre y ¡Soy suya! Me dijo que está haciendo algo nuevo para mí (ver (Isa. 43). Me promete que veré su gloria, el esplendor de mi Dios. ¡Mi corazón estará lleno de alegría y gozo!

Él me elogia, y me dice que soy hermosa para él, que mi voz es dulce y mi rostro es bonito. Me dice que me ama con amor eterno. Yo digo: "Gracias, mi Esposo, por pronunciar palabras de sanidad para mi corazón quebrantado".

JULIETTE ROSE


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