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Camino al hogar

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"No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté. Ustedes ya conocen el camino para ir adonde yo voy” (Juan 14: 1-4).

Al llegar al aeropuerto de Sídney desde Fiji, descubrí que mi hija Sala no estaba esperándome porque mi hija más pequeña, Terri, que estaba de vacaciones en las islas Salomón, no le había avisado de mi llegada. Tenía equipaje pesado, y viajar en tren hasta donde vive mi hija Sala no era una opción. Rápidamente, busqué en mi bolso de viaje su número de teléfono, pero no pude comunicarme. Pregunté dónde podía encontrar un hotel barato, pero el agente me informó que estábamos en temporada alta, así que todos los hoteles tenían precios elevados. Me senté y pensé en mi situación. ¿Qué haré, si Sala no está en el país? Entonces, murmurando una oración de agradecimiento por haber llegado bien, permití que el Señor controlara la situación.

Pronto, sentí que debía volver a mirar mi bolso de viaje. Me sorprendió encontrar la dirección y el número de teléfono de una amiga de Papúa Nueva Guinea, Roseline Baker. Ella vive y trabaja en Sídney con su esposo australiano, Shaner. Con mucha alegría, agradecí al Señor y compré un teléfono celular barato para llamar a Roseline. Ella estaba en Victoria, otro Estado, pero me dio la información de contacto de unos amigos cercanos y familiares, Jeff y Jo Hansen. Aun así, no estaba segura de llamarlos. Era vergonzoso ponerlos en esa posición. Yo había planeado visitarlos un poco después, para hablar sobre la posibilidad de trabajar con ellos en proyectos comunitarios en Papúa Nueva Guinea. Señor, ¿es este un mejor momento que has preparado para mí? Entonces, los llamé. Jeff contestó inmediatamente. Le comenté sobre mi situación y él me aseguró que todo estaría bien. Jo me dijo que me ayudarían a llegar hasta la casa de Sala.

Me encontré con Jeff y Jo en la sección de arribos del aeropuerto, y nos preparamos para ir a la casa de mi hija. Sabía adónde estaba yendo, pero necesitaba ayuda para llegar hasta allí. Jeff tenía un GPS así que, con la ayuda de esa máquina mágica, tardamos solamente media hora.

Todos esperamos el día de ir al hogar de gloria. Hoy tenemos la televisión, la radio e Internet para ayudarnos a compartir las buenas nuevas de nuestro Hogar Celestial. No falta mucho para ese viaje. Y ¡gracias a Dios por los amigos que nos ayudan en el camino!

FULORI SUSUSEWA BOLA


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