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Desprevenido

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“Porque ya saben que el día del Señor llegará como ladrón en la noche“ (1 Tes. 5: 2).

Al volver de un viaje a Georgia, mi esposo y yo pasamos unos días en Florida visitando familiares. Uno de esos felices días, me preparé para ir al aeropuerto con un amigo, para buscar a una pareja que venía de Nueva York; ellos llegaban a la medianoche. Mi esposo nos llevaría y nos dejaría allí, y nosotros volveríamos en un auto alquilado.

Ellos llegaron y, luego de saludos y abrazos, llenamos el auto con todo el equipaje. Solo quedaba suficiente lugar para que nos sentáramos. Puse mi cartera detrás de mí, cerca de mi cabeza, entre el equipaje y los bolsos. Nuestro amigo nunca había manejado en las rápidas autopistas de Estados Unidos, así que avanzó dudosamente, confiando en las instrucciones que recibía. Al rato, nos dimos cuenta de que estábamos perdidos en uno de los vecindarios más peligrosos de la ciudad.

Yo no sabía que estábamos rodeados de tantos peligros, pero me sentía segura en el auto, charlando con mis amigos. Todavía había gente dando vuelta por las calles, por más que era muy tarde.

De repente, el semáforo frente a nosotros se puso en rojo. Solo conductores ingenuos e ignorantes de los peligros de la zona se detendrían en un semáforo a esa hora, pero nosotros no lo sabíamos. De la nada, un joven muy alto abrió la puerta trasera del auto, exactamente donde yo estaba sentada, y comenzó a tantear a la altura de mis pies, buscando mi cartera.

El terror, el pánico y el miedo indescriptible me dieron las fuerzas para gritar. En ese momento de sorpresa y angustia, pedí a Dios que no me sacara del auto. Quizás fueron los frenéticos gritos lo que lo sorprendieron, pero el joven retrocedió lentamente hacia la vereda, sin llevarse nada. Providencialmente, mi cartera estaba detrás de mí, entre los bolsos.

Al llegar a casa, alabamos a Dios el Padre, quien siempre cuida de nosotros; y reflexioné: Así será el regreso del Hijo del hombre. Muchos se encontrarán desprevenidos. Jesús vendrá como un ladrón en la noche, cuando nadie lo espera. Decidí allí mismo ser más atenta, y estar mejor preparada para los eventos que pronto ocurrirán. Que no sea, ni para ti ni para mí, un día de miedo y horror, sino uno de gozo y placer.

ZUILA V. N. RODRIGUES


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