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Pensamientos de lo alto

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"Por medio de él ustedes creen en Dios, que lo resucitó y glorificó, de modo que su fe y su esperanza están puestas en Dios” (1 Ped. 1: 21).

El pequeño avión ganó velocidad y se elevó sobre la pista del Aeropuerto Internacional de Los Ángeles. Como era un avión pequeño, tenía una buena vista. Me pareció increíble lo rápido que las personas, luego los autos y, finalmente, los edificios se fueron achicando. Al girar hacia el sur, a lo largo de la costa, pude divisar hermosas mansiones edificadas justo al borde de los acantilados frente al océano, pero rápidamente se convirtieron en pequeños puntos; filas y filas de puntos que, desde el aire, parecían todos iguales. La gente y los autos ya eran demasiado pequeños como para distinguirlos. Podía ver pueblos completos al mismo tiempo.

¿Cómo es que nos volvimos tan importantes para que Dios, allá, en el cielo, nos prestara atención? Somos tan insignificantes. Y somos tantos... ¡más de siete mil millones! ¿Cómo puede ser que escuche mis oraciones, que tenga un plan para mi vida, que se preocupe por cada aspecto de mi vida? ¿Cómo puede ser que este gran Dios que ve, oye, conoce y controla todas las cosas en el universo completo, estuvo dispuesto a venir en la forma de un bebé, a esta diminuta bola azul verdosa que llamamos "hogar"? Que estuviera dispuesto a vivir en medio de la basura de este mundo es increíble de por sí; pero cuán doloroso debió de haber sido para él ver la enfermedad, el dolor, el abuso, el pecado. Y experimentó todo esto para sufrir una muerte humillante y dolorosa en una cruz. ¡Qué asombroso!

Sin embargo, ¡alabado sea Dios!, la historia no termina allí. Se levantó de la tumba, victorioso sobre la muerte. Y eso es lo que nos otorga significado, valor y esperanza. Él hizo todo esto por ti y por mí, y por todos los miles de millones de personas que viven en esas mansiones, casas suburbanas, edificios de departamentos, casas de alquiler, casuchas o chozas de barro.

Su resurrección es lo que nos da esperanza, lo que nos brinda un futuro. Como escribió Pablo: “Y si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco la fe de ustedes [...] Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es ilusoria y todavía están en sus pecados" (1 Cor. 15: 14-17). Pero, Cristo ha resucitado. Lo sabemos. Entonces, salgamos y vivamos por él, aceptando la palabra que nos ha dejado y extendiendo ese conocimiento a quienes nos rodean. Todavía hay millones y millones que no escucharon las buenas nuevas. Hoy es el día para decirles: "¡Cristo ha resucitado!"

ARDIS DICK STENBAKKEN


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