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Sin gozo

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"Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia (Sal. 46: 1).

Recientemente, mi vida ha sido un caos. Hemos estado pasando por unmomento difícil en la iglesia y eso me ha afectado. Generalmente canto, pero no puedo encontrar el gozo que me hace querer cantar. Estoy enseñando una clase bíblica y, aunque me dicen que hago un buen trabajo, no lo estoy haciendo con todo mi corazón.

Comencé un nuevo trabajo y he estado tratando de encontrar mi lugar. Con muy poco éxito. Tuvimos dos grandes gastos que dejaron nuestras finanzas en un lugar desastroso, del cual no sé cómo vamos a salir. Mi cuñado murió, la mamá de mi cuñada murió, y mi mamá se enfermó y pasó dos semanas hospitalizada.

En casa, el aire acondicionado está perdiendo agua y tira aire caliente. No he estado concentrada; y a mi hija menor, por primera vez, no le está yendo tan bien en la escuela. Mi hija mayor siente que algo sucede y, últimamente, ha estado muy dependiente: un signo definitivo de estrés.

Ayer, mi esposo entró en casa y anunció que su auto se apagó frente a casa. Quería hacerme una bolita y llorar. Pero, por supuesto, no podía. Acosté a los niños, llamé a mi papá y le pedí si podíamos usar el auto de mamá para llevar a las niñas a la escuela e ir al trabajo.

Estoy exhausta física y emocionalmente. Ya no aguanto más. Anoche dormí, pero me levanté con dolor de estómago: otro signo definitivo de estrés. Como de costumbre, estudié la lección de la Escuela Sabática, mi Biblia y, luego, la lectura devocional para mujeres. La historia para ese día se titulaba "Una fe de niño". Era justo lo que necesitaba leer. Me recordó que debo confiar en Dios y creer, como lo hace un niño, que él se encargará de todo.

Terminé de prepararme para ir a trabajar y entré en el auto de mi mamá. Me gusta el silencio temprano en la mañana, pero esta vez sentí que debía prender la radio. Adivina lo que Dios hizo por mí pasó dos canciones que necesitaba escuchar. La primera decía: "Eleva tu rostro. La salvación está llamando", y la segunda declaraba: “Él ha conquistado". Todo lo que pude hacer fue llorar.

Nunca he dudado de que Dios me ame, pero hoy me dijo exactamente lo que necesitaba oír. Él me recordó que sigue al control y que, sin importar cuán mala sea la situación, él está presente, dispuesto y es más que capaz. Hoy le entregué todo a Dios. Y ¿sabes qué? ¡Recuperé mi gozo!

TAMARA MARQUEZ DE SMITH


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