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Los niños hablan

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"Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí" (Mat. 25: 40).

Era el último día del año escolar y mi trabajo voluntario en primer grado también había terminado. Los niños estaban ocupados despidiéndose, y muy orgullosos de las cartas que me habían escrito, con dibujos de las historias y la geografía de las que habíamos hablado. Kaitlen, quien estaba sentada cerca de mí, preguntó:

-¿Vendrás a segundo grado el año que viene?

Respondí con calma que no, que siempre me quedaba en primer grado. Así que, ella llamó a la maestra:

-"Seño" Abramson, ¿puedo quedarme en primer grado, con la seño Hardin el año que viene?

Se escuchó un murmullo de "Yo también” en la clase.

Las maestras me preguntaron si volvería. Pensé. Me estoy cansando. Mi hija, Janna, me había dicho:

-Mamá, realmente no tienes que hacerlo, si no quieres.

Tenía razón. Pero, entonces, recordé las cartas nuevas; especialmente la de Kimberly, que decía: "Realmente me has hecho sentir especial". Seguramente, podía compartir mi tiempo con ellos nuevamente.

Ya ha comenzado el nuevo año escolar y nuevamente, pueden encontrarme con mis libros en la silla de siempre, rodeada por niños sentados en el piso. Son una nueva clase encantadora. La seño Jennifer me presentó a un pequeño niño ruso que fue adoptado a los tres años. Él me miró y me dijo, solemnemente:

-Tengo que ser un compositor, porque soy ruso.

Siempre hay alguien o algo nuevo.

Un día, al mostrarles un libro sobre Inglaterra que les leería, hablamos un poquito sobre el país. Les mostré una imagen de la reina y pregunté:

-¿Quién es nuestro gobernante?

-Dios es nuestro gobernante -respondió Therese, suavemente.

Sharon repitió lo mismo, y Thomas, sentado al lado de ella, dijo que era lo que él iba a decir. Suavemente, les aseguré que Dios es el gobernante de todos. Se había dicho a los niños que podían hablar de religión, pero que este no era el lugar. ¿Deben los niños dejar a su Dios fuera del aula pública? Estuve feliz de estar allí, para confirmar sus pensamientos ese día. Puedo compartir mi tiempo, mi conocimiento, mi cariño y mi amor con ellos. Recuerda: Jesús proclamó que lo que hacemos unos por otros es como si lo hiciéramos por Jesús mismo; y estos alumnos son sus propios niños preciosos. Oro para que Dios me ayude y me bendiga, al estar en esta aula de la escuela pública con esos pequeños.

DESSA WEISZ HARDIN


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