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Oraciones contestadas

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"No se inquieten por nada, más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias" (Fil. 4: 6).

Estaba en mi segundo año estudiando profesorado en la universidad, cuando mi hermana se internó en el hospital, justamente el día de mi cumpleaños, para tener a su bebé. Yo no tenía manera de ir a verla y tenía clases todo el día. La llamada telefónica llegó esa noche. Había nacido una hermosa beba, Linda Karen, una hora y 19 minutos después de mi cumpleaños. Estábamos muy felices de que todo hubiese salido bien, y estaba muy ansiosa por ir a conocerla.

Nueve días después fui a la casa de mi hermana y su esposo, para ver a mi flamante sobrina. Iba solo por el fin de semana pero, cuando llegué, descubrí que Priscila estaba muy enferma. Había tenido bronquitis, que se había transformado en neumonía. La mantuve separada de Linda; Priscila en la habitación y Linda en la sala de estar. Me cambiaba de ropa y cuidaba de la bebé.

Fue un momento muy difícil para Priscilla, porque quería amamantar a su beba, pero no podía hacerlo porque su niñita enfermaría gravemente. Mi hermana alimentaba a Linda cada tres horas, así que tuve que preparar leche de fórmula, algo que nunca había hecho. Priscilla me explicó cómo, y Martin fue a comprar lo que necesitábamos.

Luego de atender a Linda, me cambiaba de ropa y cuidaba de Priscilla. Si alguna de las dos quería algo cuando estaba atendiendo a la otra, tenían que esperar. Martin ayudaba con Linda cuando volvía de trabajar.

Me tomé la siguiente semana y me quedé a ayudarlos. Oré mucho por mi hermana, porque estaba muy enferma. Pensé que tendríamos que llevarla al hospital, pero luego la fiebre pasó. ¡Estaba tan agradecida!

Una noche, mientras alimentaba a Linda, le dio hipo. Yo no sabía que, a veces, los bebés tienen hipo, y no sabía qué hacer. Cuando tenía quince años, había cuidado de un bebé de seis semanas, pero no había tenido este problema. Linda continuó con hipo por tanto tiempo que me preocupé mucho. Finalmente oré, pidiendo a Dios que detuviera el hipo, ¡y lo hizo al instante! No tuvo más hipo mientras estuve con ellos. Dije a Dios cuán agradecida estaba por su intervención.

Me alegra tanto que tengamos un Padre amante a quien podemos entregar nuestros problemas. Como nos dijeron hace mucho tiempo: "Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes" (1 Ped. 5: 7).

ANNE ELANIE NELSON


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