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Dios todavía nos habla

Matutina para Android

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"Después de esto, la palabra del Señor vino a Abram en una visión. No temas, Abram. Yo soy tu escudo, y muy grande será tu recompensa "(Gén. 15: 1).

Era un hermoso domingo de mañana. Luego de mi devoción matutina, decidí ir a la playa. Me duché, comí algo y tomé un colectivo hasta la allí. Cuando llegué, me alegré de poder contemplar la belleza de la creación de Dios. Luego de algunas horas, comencé a sentirme incómoda y ansiosa. Como si tuviera que ir a casa. Al principio ignoré este sentimiento, pero finalmente decidí irme.

Al llegar a la parada de colectivos, nuevamente sentí que, por alguna razón, debía ir a un cajero automático y sacar un poco de dinero. No entendía la razón, pero fui a un supermercado, saqué el dinero y volvía casa.

Cuando llegué a casa, me llevé una sorpresa. Mi abuela tenía una venda en la mano. Le pregunté qué le había sucedido y me dijo que se había cortado mientras preparaba la carne. Le quité el vendaje y vi que el corte había perforado una vena. Necesitaría algunos puntos. Limpié el corte y me duché rápidamente.

Entonces, con el dinero que había sentido que debía sacar, llamé un taxi y llevé a mi abuela al hospital. En el camino, tuvimos que cambiar el vendaje tres veces, porque no dejaba de sangrar. Una vez en el hospital, me informaron que no tenían ningún cirujano, así que tomamos otro taxi hasta otro hospital. En ese lugar, el cirujano estaba de vacaciones. Oré, preguntando a Dios qué debía hacer e implorándole que hiciera que el corte dejara de sangrar. Decidí volver a casa, pero en el camino oré, rogando a Dios que me iluminara. ¡Y lo hizo! Llamé a una amiga que es enfermera y le pedí que me explicara qué debía hacer. Ella medio indicaciones. Cuando llegamos a casa, el corte había dejado de sangrar; entonces, hice lo que mi amiga me había explicado. Finalmente, mi abuela estaba bien.

Luego de que todo se hubo calmado, entendí por qué Dios me había pedido que volviera a casa y que sacara dinero del cajero. Si el Señor no me hubiera hablado, mi abuela podría haber tenido un problema mucho mayor.

¿No es maravilloso cuando permitimos que Dios esté al control de nuestras vidas? Él nos habla, nos dice que no nos preocupemos, sino que nos volvamos a él, y él será nuestro escudo y nuestra recompensa.

CARMEN VIRGINA DOS SANTOS PAULO


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