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Comienzos frágiles

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"¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien! Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado" (Sal. 139: 14, 15).

Eran días muy críticos para nuestra familia, ya que mi hijo, Daryl, y su esposa, Julianne, vivían con el miedo de perder a su bebé. Cuánto deseaba poder aliviar su dolor. Pero cualquier consuelo parecía fútil, dado que los informes seguían quebrantando toda esperanza. Rogué a Dios fortaleza para todos nosotros, en este tiempo de crisis; me aferré de las palabras: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Fil. 4: 13).

Ese 17 de junio de 2005 las horas pasaban muy lentamente. Se había decidido que harían nacer al bebé en el momento en que la medicación fuera más efectiva. Pero tenía solo 26 semanas de gestación.

Llegó el momento en que se llevaron a Julianne de su habitación en el hospital, con mi hijo a su lado. Las dos "abus" nos quedamos. Miramos la nada, sin poder expresar los pensamientos de nuestros corazones; pero ambas en silenciosa oración a Dios, cuyo corazón sufre con nuestro sufrimiento.

Kyle nació vivo, pero muy frágil. Lo vimos por solo unos momentos, que estuvieron llenos de emoción. Pesaba solo 570 gramos y su diminuto cuerpecito tenía la longitud de un bolígrafo. Lo cuidaban en una cuna húmeda y su vida dependía de varias máquinas. Fueron momentos críticos, de muchas pruebas, especialmente para sus padres. Hubo días de ansiedad y llamadas telefónicas perturbadoras. Entonces, llegaron las temidas noticias de que el intestino de Kyle había reventado y necesitaba una cirugía de emergencia. El cirujano dijo que había solo un 40% de probabilidades de que sobreviviera.

La espera fue agonizante. Sin embargo, sobrevivió; solo para que sucediera lo mismo a la semana siguiente. Esta vez, hubo que colocarle una bolsa de colostomía; y nuevamente sobrevivió. Agradecimos a Dios por guiar las manos de este cirujano y por darle la habilidad de usar instrumentos tan pequeños en un bebé tan diminuto.

Muchos escucharon sobre el sufrimiento de nuestra familia y se formaron grupos de oración en muchos lugares de Australia. “La oración del justo es poderosa y eficaz" (Sant. 5: 16). Dios respondió a las oraciones de su pueblo, y Kyle vivió.

Ahora, Kyle es un niño sano y normal, que nos trae mucho gozo. ¡Alabado sea Dios, por un milagro tan maravilloso!

LYN WELK-SANDY


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