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Mi nuevo rostro

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"En el día de mi angustia te invoco, porque tú me respondes" (Sal. 86: 7).

Podía sentir la sangre en mi rostro, cuando mamá corrió a ver qué me había sucedido. Rápidamente, las delicadas manos de una que ama a su hijo limpiaron la herida.

Era una mañana soleada, y mi hermano y yo decidimos jugar en el patio. Mientras corríamos, como todo niño, me caí al piso y me corté la cara. Pensamos que, con un poco de tiempo sanaría, como cualquier corte; pero luego, derivó en una enfermedad de piel llamada vitiligo.

Me llevaron a los mejores médicos de la ciudad y de la región pero, en cada consulta, recibía la misma respuesta: "Su hija tiene una enfermedad incurable llamada vitiligo. Se esparcirá por todo su cuerpo y producirá manchas blancas que nunca se irán de su piel. Lo siento, pero no hay nada que podamos hacer".

Mi madre no podía dormir, y pasó noches enteras llorando y clamando a Dios por su pequeña hija. Pensó en cómo mi adolescencia y juventud serían marcadas por las manchas en mi rostro y mi cuerpo.

Las iglesias de la ciudad ya estaban orando, rogando al Señor que me curara. Mis padres habían gastado mucho dinero; no escatimaron en nada.

Para ese entonces, había aparecido una nueva mancha en mi pie, lo que aumentó la preocupación de todos.

La única solución era Dios; y fue con oración, ayuno y una entrega total que Dios curó a su hija. Le dio un nuevo rostro, cuando los médicos no tenían esperanza de solución para el problema.

Hice un tratamiento con luz solar, pero la base de mi cura fue, y es, solo Dios, el Médico de los médicos, cuyo amor y cuidado es más grande que todo.

La mancha desapareció gradualmente y mi piel volvió a la normalidad. Y como la cura de Dios es perfecta y completa, hoy. Si me lastimo, mi piel vuelve a su pigmentación original. ¡Lo que Dios hace es perfecto!

Cuando pensamos que un problema no tiene solución y que es imposible, podemos mirar hacia arriba. El mismo Dios de nuestros padres sigue obrando maravillas por sus hijos hoy. ¡Y su amor es inmensurable!

MINEIA DA SILVA CONSTANTINO