Regresar

Hazme una bendición

Matutina para Android

Play/Pause Stop
"Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber, fui forastero, y me dieron alojamiento" (Mat. 25: 35).

Era un día hermoso en la soleada isla de Jamaica. Mi hermana, Dilyn, me había invitado a acompañarla en unas vacaciones junto a su familia. Siempre había soñado con visitar Jamaica, pero nunca había planificado hacer de mi sueño una realidad.

Habíamos pasado el día haciendo turismo y disfrutando de la playa en Negril. Luego de divertirnos todo el día, decidimos comprar algo para comer. Encontramos un lugar de comida rápida, que vendía deliciosas hamburguesas jamaiquinas, que a mi cuñado le encantan. Pero cuando Jangles, nuestro conductor, se detuvo en el estacionamiento, se acercó a nosotros, abruptamente, un hombre que parecía que buscaba dinero. No tenía una sonrisa amigable en su rostro; de hecho, parecía malvado. Creo que sabía que éramos turistas, porque inmediatamente comenzó a "limpiar" nuestro vehículo con un trapo. "Deja de pasar ese trapo", le ordenó Jangles.

Pero él siguió, de todas formas.

Luego de comprar la comida, el hombre comenzó a pedirnos dinero. Jangles nos dijo que no le prestáramos atención y, rápidamente, encendió el motor. Entramos rápido pero, cuando el hombre se dio cuenta de que nos iríamos sin honrar su pedido, tomó una piedra grande y nos siguió mientras avanzábamos lentamente por las calles de Negril. En cierto punto, se puso frente al auto con la piedra en su mano, como si fuera a destrozar el parabrisas. Jangles salió enojado del auto y lo confrontó agresivamente. Luego de unos pocos minutos de gritos, el hombre dejó la piedra y desapareció entre la multitud.

Al recordar ese día, que había comenzado tan bien, me pregunto por qué no le dimos un poco de dinero. Creo que hubiera cambiado el final del día de ese pobre hombre, y el nuestro también. Tantas veces pasamos al lado de personas que necesitan de nuestra ayuda, temiendo que quedaremos enredados en sus problemas y sin querer involucrarnos. Las Escrituras nos dicen: "Dichoso el que piensa en el débil; el Señor lo librará en el día de la desgracia. El Señor lo protegerá y lo mantendrá con vida; lo hará dichoso en la tierra y no lo entregará al capricho de sus adversarios" (Sal. 41: 1,2). Así que, pido a Dios cada día que me ayude a prestar atención y a estar siempre lista para ayudar a quien lo necesite. Quiero ser una bendición para alguien hoy.

MARLYN L. DEAUGUST


Envía tus saludos a: