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La piedra giratoria

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“Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra” (Juan 8: 7).

Para muchos de nosotros, la perfección es lo que hacemos o lo que sucede en nuestro propio círculo personal. Todo lo demás cae en la categoría "menos perfecto", esperando arreglo, o mejor aún, esperando que nosotros lo arreglemos. Miramos a otros con sentimiento de superioridad. Pero esta no es una conducta nueva, encontramos muchos ejemplos en la Biblia y en la vida. Y aun así, no aprendemos lo que Jesús enseñó.

Una historia bíblica que realmente disfruto se encuentra en Juan 8. Allí estaba, una mujer adúltera arrojada en tierra luego de ser castigada, ridiculizada y abusada por esos individuos "perfectos" mirándola "desde arriba". Con piedras en las manos, listos para erradicar el pecado en otros. Al mirarla, el veredicto era claro: culpable.

Como padres, uno de nuestros mayores miedos es que uno de nuestros hijos se encuentre en medio de una turba acusadora como la de la historia. El pecado puede variar, pero la conducta acusadora, probablemente, sería la misma. Pero, a pesar de nuestro miedo, nos olvidamos de brindar a los demás la misericordia y el amor que quisiéramos disfrutar. Así que, seguimos cometiendo los mismos errores, y pecando incluso más, solo porque tememos el trato acusador y la piedra enojada que nos arrojarían a nosotros y a nuestros amados.

Pero a qué gran Dios servimos. Al seguir leyendo esta historia, descubrimos uno de los mejores sermones mudos que alguna vez fuera predicado. Jesús condujo la reunión evangelizadora más importante, una que dio liberación a los pecadores, ya que ni el acusado ni los acusadores son condenados. ¡Qué lección! Tú y yo estamos en la misma categoría. Somos pecadores, que podemos llegar a la perfección solo a través de la gracia de Dios. Cualquier cosa buena que esté sucediendo en nuestras vidas hoy, no es resultado de algo bueno que hayamos hecho, sino del amor y la misericordia que recibimos. Pero no impartimos tanta gracia a otros.

Como seguidores de Jesús, tenemos que ser como él. "Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó" (1 Ped. 1: 15). Él nos está diciendo qué se espera de nosotros; pero también nos dice cómo conquistar nuestra conducta pecaminosa. "Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón! Reconozcan sus miserias, lloren y laméntense. Que su risa se convierta en llanto, y su alegría en tristeza" (Sant. 4: 8, 9).

Dediquemos un momento a pedir a Dios que cambie nuestro caminar. Hagamos caer nuestras piedras acusadoras, y brindemos a los demás la misma gracia y amor que él nos ha dedicado en su misericordia.

DINORAH M. RIVERA


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