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¿Discapacitado? ¡Nunca!

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"Pues así como cada uno de nosotros tiene un solo cuerpo con muchos miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función, también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás. Tenemos dones diferentes según la gracia que se nos ha dado. Si el don de alguien es el de profecía, que lo use en proporción con su fe. Si es el de prestar un servicio, que lo preste. Si es el de enseñar que enseñe. Si es el de animar a otros, que los anime. Si es el de socorrer a los necesitados, que dé con generosidad. Si es el de dirigir que dirija con esmero. Si es el de mostrar compasión, que lo haga con alegría" (Romanos 12: 4-8).

Al salir del mercado en Nairobi, Kenia, mi amiga y yo nos vimos rodeadas de mendigos de todas edades y necesidades. Mientras avanzábamos entre la multitud buscando una salida de ese laberinto, nos sentimos muy agradecidas porque nuestros amigos misioneros hubiese hecho arreglos para que una persona local fuera con nosotras.

De repente, vi algo inusual; un hombre alto y fornido llevaba a otro hombre más pequeño, aparentemente paralítico, en su espalda. Las piernas del más pequeño estaban apretadas en la cintura del hombre alto. Se manejaban en el tráfico con tanta agilidad que no tuve tiempo de observar mejor su situación. Los perdí de vista pero, varias veces durante ese día, pensé en ellos. Cuando volvimos a la seguridad de la escuela en Nairobi, suspiramos aliviadas de haber sobrevivido al viaje entre tanto tráfico. Esa noche, sentadas alrededor de una fogata, revivimos las experiencias del día. Entonces, mis amigos Lydia y Newton preguntaron:

-De paso, ¿vieron a un hombre alto y fornido que llevaba a un hombre paralítico en su espalda?

-De hecho, ¡los vi!

-El que "hace dedo" puede ver -me contaron-, y él dirige al hombre alto ciego a través del tráfico, llevándolo a lugares donde es más probable que consigan limosnas.

Por un ratito no pude responder, reflexionando sobre el ingenio de esas dos personas con discapacidades, que habían descubierto la forma de unir sus recursos, talentos y bendiciones para el beneficio de ambos. El hombre ciego no habría durado ni cinco minutos en medio del tráfico de Nairobi fuera del aeropuerto. Pero el hombre paralítico tampoco podría haberse movido más de unos metros por sí solo y, probablemente, pronto habría muerto de hambre, dada la competencia.

La Biblia dice: "Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo" (Ecl. 4: 9). En el cuerpo de Cristo todos somos miembros, aunque no todos recibimos los mismos dones y talentos. Usemos los talentos que Dios nos ha dado para la edificación de todo el cuerpo.

VASHTI HINDS-VAINER


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