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Acude a mí primero

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"Encomienda al Señor tus afanes, y él te sostendrá; no permitirá que el justo caiga" (Sal. 55: 22).

Caí al suelo, sintiendo un dolor literal en el corazón y en la boca del estómago. Parecía que alguien me había golpeado en el pecho, sacado todo el aire y pateado en las piernas. No me podía parar ni pensar... ni detener las lágrimas. Me había dolido tanto cuando me dijo: "Estoy enamorado de otra persona. Ya no puedo estar contigo".

La ruptura había salido de la nada, e hizo exactamente lo que el nombre implica: me había roto el corazón. Pensé que nunca podría volver a unir todos los pedacitos para seguir adelante. Como si la herida no fuera lo suficientemente profunda, a menudo me cruzaba con mi ex y su nuevo amor. La herida se volvía a abrir cada vez que veía a alguno de ellos y pensé que moriría del dolor emocional.

Cada lugar en el que habíamos estado, cada espacio que habíamos compartido se convirtieron en recordatorios de nuestra relación fracasada. Caminar constantemente "entre las tumbas" me puso como bajo una nube pero, todo el tiempo, sentía que tenía que pretender que todo estaba bien. Pensaba que nunca me repondría del golpe devastador de haber confiado en alguien que terminó no siendo merecedor de mi confianza. Me alejé de todos y caí en una depresión.

Un día, luego de ver inesperadamente a mi ex y, consecuentemente, haberme convertido en un torrente de lágrimas, vi un libro. Al hojearlo, encontré un poema titulado "Acude a mí primero". Aquí, Dios me recordaba que él sabía lo que era ser un amante abandonado. Me refrescó la memoria de las millones de veces que lo había dejado de lado, para hacer otra cosa o estar con alguien más. Yo lo había dejado a él de lado, y había despreciado su amor por el de otro. Lo oí rogar: "Acude a mí primero y nunca te decepcionaré. Incluso cuando la persona a quien amas se aleje o te lastime, tu vida no se derrumbará porque habrás construido tu vida sobre mí, no sobre él. Acude a mí primero". Parecía rogarme.

Esas palabras cambiaron mi vida. Me di cuenta de que con quien pasara la mayoría de mi tiempo ya quien le dedicara toda mi energía sería a quien realmente amaba. Comencé a construir una relación real con Jesús. Construiría mi vida sobre él, para que mi vida nunca más se derrumbara. Y aquí estoy once años después, casada, con hijos, y tan ocupada como siempre. Pero todavía acudo a él primero. ¡Lo amo más que a nadie!

SHARI LOVEDAY


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