Regresar

Él los rescata

Matutina para Android

Play/Pause Stop
"El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen, a su lado está para librarlos” (Sal. 34: 7).

En un viaje a Hawái que hice hace poco con una amiga, tuvimos la oportunidad de nadar con delfines en su hábitat natural. Abordamos el bote que nos llevaría por la costa de Oahu. El día estaba hermoso. Vimos una que otra ballena a la distancia y, en cierto punto, vimos unas tortugas marinas muy grandes nadando bajo el agua. Nos dijeron que se podían encontrar delfines en ensenadas cerca de la costa por la mañana y, más tarde en el día, se dirigían hacia aguas más profundas para alimentarse.

Estábamos en uno de los viajes de tarde, y ya hacía un rato que navegábamos, cuando el capitán señaló un grupo de delfines a la distancia, que venía hacia nosotros. Cuando el bote estuvo alineado, entramos en el agua con máscaras y equipo de snorkel, pero sin patas de rana. Nos dijeron que permaneciéramos allí tranquilos, mientras el bote se alejaba un poco. No habíamos estado mucho tiempo en el agua, cuando nos vimos literalmente rodeados. Los delfines estaban nadando entre nosotros y por debajo de nosotros. Miré con asombro su tamaño, su belleza y su gracia. A pesar de la velocidad a la que iban y el peso que tenían, ninguno nos tocó.

Nos bajaron del bote dos veces más para gozar de esta experiencia maravillosa. Entonces, nos dirigimos de nuevo a la costa. No habíamos avanzado mucho, cuando algunos notamos un grupo pequeño de defines haciendo círculos lentamente en el agua detrás de nosotros.

Cuando preguntamos al capitán sobre esto, respondió que, probablemente, estaban esperando que un delfín enfermo o herido se les uniera. Lo escoltarían a aguas más profundas, para que tuviera mayor seguridad. Más temprano, nos había contado sobre un delfín bebé que habían visto hacía unos días, a quien un tiburón había mordido y que algunos delfines adultos ahora protegían en una ensenada. Justo entonces, vimos a la mamá y el bebé delfín acercándose; los otros delfines se unieron a ellos, formándose a los costados, para protegerlos. Se notaba que al bebé le faltaba un pedazo de aleta dorsal.

La escena hizo brotar lágrimas en mi rostro. Me hizo pensar en nuestro Padre celestial, quien no solo se preocupa por esas hermosas criaturas y las creó con el instinto de cuidarse unas a otras, sino también se preocupa por nosotros y enviará a legiones de ángeles para acampar alrededor de quienes confiamos en él, y nos rescatará cuando lo necesitemos.

BEVERLY D. HAZZARD


Envía tus saludos a: