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El tamaño perfecto

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“Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman" (Rom. 8: 28).

Estábamos de vacaciones en la playa y, como de costumbre, visitamos los centros comerciales del pueblo cercano antes de volver a casa. Yo necesitaba un par de zapatillas nuevas y, como mi marca preferida es un poco cara, esperaba encontrar unas como las que ya tenía que cambiar.

Lamentablemente, no pude encontrar ninguna zapatilla como las que tenía, aunque busqué en la tienda que vendía esa marca. Todos los estilos habían cambiado y, por más que busqué, no pude encontrar nada similar a lo que quería.

Cuando la vendedora finalmente se me acercó para ayudarme, me sugirió cierto estilo y se veían bien. Le informé el número que siempre uso, trajo un par y los compré sin probármelos. Recién cuando volvimos a casa y los saqué de la caja, vi con desazón que ella me había traído el modelo ancho, en lugar del normal. Decidí que tendría que tratar de cambiarlos en la tienda más cercana a casa.

Entonces, ¡me quebré el tobillo! Tuve que pasar por una cirugía, en la que me acomodaron el pie con todo tipo de placas y clavos. Luego de seis semanas con yeso y más tiempo con una bota especial, finalmente pude volver a usar calzado. Pero mi pie no cabía en ninguno de mis zapatos. Aunque me sentía tonta, usaba una pantufla en mi pie lesionado al ir a todos lados.

Una mañana, se me ocurrió que debía probarme esas zapatillas nuevas anchas, y lo hice. Una era un poco grande en mi pie sano, pero podía atar los cordones bien fuerte y se sentía bien. Entonces, puse mi pie hinchado en la otra zapatilla y, si la ataba con suavidad, entraba perfectamente. Estaba tan feliz de poder usar dos zapatillas al moverme en la casa y al salir a caminar un poquito. No, no las usé para la iglesia; todavía me ponía un zapato lindo y una pantufla. Pero, para el resto del tiempo, se volvió un par perfecto para mí.

Después de todo, no hubo ningún error en el tamaño de esas zapatillas. Dios ya sabía que necesitaría ese par cuando me quebrara el tobillo, y resolvió el problema por anticipado. La versión de la Biblia The Message parafrasea el versículo de hoy de la siguiente manera: "Él nos conoce mucho mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos, conoce nuestra condición expectante y nos tiene presentes ante Dios. Es por eso que podemos estar tan seguros de que cada detalle de nuestras vidas de amor por Dios se tornará en algo bueno".

ANNA MAY RADKE WATERS


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