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"Que no se turbe tu corazón"

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"No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí" (Juan 14: 1).

Los días anteriores al 9 de agosto de 2010, puedo decir con toda sinceridad que no me sentí como una cristiana valiente en todo momento. A veces, pude haber parecido una creyente abatida. Comenzó con una mamografía que me hicieron esa primavera. Me pidieron que volviera, ya que el médico había encontrado una masa sospechosa y sentía que debía hacerme una biopsia. Había logrado escapar de ese estudio hacía unos años, cuando llegaron a la conclusión de que no era necesaria. En ninguna de las ocasiones sentí que tenía el control total. Me apoyé en la guía y el manejo de los médicos, como debía hacer. Sin embargo, sin lugar a dudas, tenía en claro que mi fe completa tenía que estar depositada en nuestro Señor Jesucristo. Necesitaba su dirección.

El día anterior a la biopsia, me pidieron que cantara en un servicio conmemorativo, para colaborar con la familia de quien había sido un miembro de nuestra iglesia en la celebración de la vida de su patriarca. Elegí "¿Cómo podré estar triste?" de C. D. Martin, y recuerdo que las palabras tocaron mi corazón mientras cantaba.

Cuando entré en el hospital a la mañana siguiente, el primer médico que me vio controló mis signos vitales. Le conté que había dormido bien, considerando los eventos del día. Su respuesta fue: "¡Oh, que no se turbe tu corazón!" ¡Qué increíble! Este médico había pronunciado las mismas palabras de la canción. Entonces, me di cuenta de que hasta en la letra de una canción que yo misma podía cantar, Dios aquietaba mis preocupaciones y me ayudaba a estar en paz. Solo necesitaba un "empujón extra de fe", y Dios usó a un profesional de la salud para dármelo. Y todo salió bien. Estoy agradecida por el ánimo y el cuidado del personal médico.

Jesús no nos dijo que debíamos seguir preocupándonos luego de orar. Quiere que tengamos fe en él. Preocuparnos solo complica las cosas. No siempre es posible controlar las circunstancias de nuestras vidas, pero podemos ser dueños de nuestros pensamientos ante lo que ocurra. El Señor ha prometido nunca dejarnos ni abandonarnos (Heb. 13:5). Es un asunto de fe simple, como de niños. ¡Aleluya!

PATRICE HILL TAYLOR


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