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Salvada por un matorral espinoso

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"Den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús" (1 Tes. 5: 18).

En enero de 2001 me nombraron directora de la escuela secundaria Matandani. En ese momento estaba de ocho meses de embarazo de nuestro quinto hijo, Chimwemwe. Como administradora de la institución, muchas veces tenía viajes oficiales a Blantyre, una ciudad comercial en Malawi, ubicada a unos cien kilómetros de Matandani. Solía viajar en un vehículo escolar y, generalmente, nos acompañaban otros miembros del personal que tenían la necesidad de viajar a Blantyre, ya que el transporte entre las dos ciudades es difícil. La primera parte de la ruta desde Blantyre es muy irregular y tiene muchas zonas resbaladizas durante la época de lluvias.

ChimWemwe nació el 27 de febrero. Después de solo un mes de licencia por maternidad, volvía trabajo y, como todavía era muy pequeño, lo llevaba conmigo en los viajes oficiales. Entonces, sucedió algo. Era de noche, y viajábamos más de cinco personas. Yo estaba sentada al lado del conductor, con el bebé en mi falda. Estábamos subiendo una parte difícil del camino cuando, repentinamente, el vehículo se detuvo y comenzó a deslizarse hacia atrás.

-¡Pise el freno! -grité.

-No funciona -fue la respuesta del conductor.

Era evidente que algo estaba terriblemente mal. El silencio era pavoroso. El auto siguió deslizándose hacia atrás con más y más velocidad, hasta que se detuvo de golpe. Nadie sabía por qué. Todos nos apuramos por salir del vehículo lo antes posible.

Con mi bebé en brazos, abrí la puerta y traté de salir, solo para enredarme en unos matorrales espinosos. Traté de liberarme, pero mis esfuerzos fueron en vano. Finalmente, pude volver al auto y salir por la puerta del conductor. Pasamos allí la noche.

Al alba, caminamos por el lugar mientras esperábamos que llegara alguna ayuda. Fue entonces que descubrimos que, a solo unos centímetros de donde mi bebé y yo habíamos quedado enredados en los matorrales, había un desagüe muy profundo. Dios nos había protegido de caer en el desagüe. Alabamos a Dios.

Sea cual fuere la situación en la que te encuentres, agradece a Dios, porque hay una razón divina para todo.

MARGARET MASAMBA


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