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Olvidando el pasado

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"Sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús” (Fil. 3: 14).

Dios anhela obrar muchísimas cosas espectaculares por su pueblo, si tan solo le entregamos nuestra voluntad y aceptamos la suya. La mayoría de nosotros tiene su propia agenda, pero sabemos que lo que realmente necesitamos es la agenda de Dios. Muchos de nosotros vamos de día en día haciendo lo que queremos, cuándo queremos y cómo queremos. Ni siquiera pensamos dos veces sobre si lo que estamos haciendo es lo que Dios quiere para nuestras vidas. No consideramos si lo que estamos haciendo está glorificando a Dios o al yo. Dios dijo, en su Palabra, que nos dará los deseos de nuestro corazón si lo buscamos primero a él y a su Reino de justicia.

Dios tiene grandes planes para cada uno de nosotros. Algunos sabemos desde muy temprano en la vida cuáles son los planes y los propósitos de Dios para nosotros, y algunos nos enteramos un poco más tarde. Muchos de nosotros conocemos cuál es la voluntad de Dios para nuestras vidas, pero igualmente hacemos lo que queremos antes que lo que Dios quiere que hagamos. Nuestros planes solo nos llevarán a la destrucción, pero los planes de Dios siempre llevan a la vida eterna.

A fin de poder ser exitosos para Dios, no debemos permitir que nuestro pasado o nuestro presente entorpezcan nuestro futuro. Debemos deshacernos de todo lo que se interponga en el camino del propósito de Dios para nosotros. Si tenemos un problema con un hermano o una hermana, debemos resolverlo. Tenemos que enfrentar la adversidad, para crear éxito. Los amigos pueden llegar a abandonarnos durante el proceso de transformación. Quizá tengamos que pasar por la oscuridad para producir luz. Debemos soportar dificultades y dolores, antes de recibir gozo. Tal vez no podamos entender todo lo que hay que saber en esta vida, pero lo que podemos saber y hacer es olvidar lo que está detrás de nosotros, y avanzar para alcanzar lo que Dios pone delante de nosotros.

La mediocridad no es suficiente, en lo relativo a hacer la voluntad de Cristo. Debemos hacer nuestro mayor esfuerzo siempre, para no ser una piedra de tropiezo para otros. Debiéramos permitir al Espíritu Santo que trabaje en nuestro corazón, dándonos una pasión por Cristo y por compartir la Palabra de Dios con otros. Algunas mujeres han sido maltratadas la mayor parte de sus vidas y no reconocen sus dones hasta que Dios se los revela; pero con Dios, cada uno puede hacer brillar su luz en un mundo oscuro. Debemos vivir nuestras vidas para Dios, no para nosotros mismos.

SHEILA WEBSTER


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