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Ten cuidado con el adversario

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"Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar" (1 Ped. 5: 8).

A mi esposo y a mí nos encantan las aves. Nuestro entretenimiento en cada comida es mirar lo que hacen las aves a través de las puertas corredizas de vidrio. No necesito decir que no disfrutamos de ver al gato anaranjado del vecino dando vueltas bajo nuestros cuatro comederos de aves.

Hace poco, estaba leyendo cerca de esa puerta de vidrio, cuando miré hacia afuera y vi a nuestro merodeador felino. Supe por el movimiento de su cola que algo siniestro estaba tramando. Al mirar más de cerca, observé un entretenido minidrama. Una hermosa paloma euroasiática estaba en la cerca, mirando fijamente al gato, aparentemente imperturbable ante la peligrosa situación en la que se encontraba. Me daba la impresión de que los dos animales habían decidido protagonizar un juego. La paloma desafiaba al gato a que tratara de atraparla, sabiendo que podía volar en cualquier momento. Mientras uno se mostraba apático en su grave situación, el otro, por el contrario, estaba alerta y con cada músculo de su cuerpo listo para activar la adrenalina de matar. Sus ojos, fijos en la paloma.

La paloma sabía que el gato se acercaba, entonces se movió casualmente por la cerca, un poco más cerca de su enemigo. En cierto momento, hasta le dio la espalda al gato. Yo estaba luchando conmigo misma para no espantar al gato, pero no podía; estaba paralizada por el dramático momento. Finalmente, el gato hizo otro movimiento para acercarse al ave y la paloma se fue volando.

¿Cuán a menudo nos encontramos racionalizando con nuestros pecados acariciados? Pensamos que podemos volar lejos de la tentación en cualquier momento, sin darnos cuenta de cuán mortal es nuestro enemigo, y cuán sutilmente puede convencernos de ignorar nuestra conciencia. Así que, jugamos con este gato (león/diablo). No nos damos cuenta de la rapidez con que puede atacar. Y cuando ataca, nos olvidamos de orar fervientemente a nuestro aliado y precioso amigo Jesús, para que nos dé fuerza celestial para derrotar a este mortal enemigo.

Reconocemos el peligroso mundo en que vivimos. Estamos agradecidos a Dios, quien nos ha dado valor y esperanza, al morir en la cruz por nosotros. Él nos dice: "Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes" (Sant. 4:7). Hoy necesitamos entregar todo a Dios. Es la única manera en que podremos escapar de este adversario mortal.

DONNA LEE SHARP


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