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¡Feliz cumpleaños!

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"-De veras te aseguro que quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios -dijo Jesús [...]. -Yo te aseguro que quien no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios-respondió Jesús” (Juan 3: 3-5).

Un día, mientras ordenaba unos papeles, encontré mi certificado de bautismo. Aunque recordaba que me había bautizado hacía unos treinta años, no podía recordar la fecha exacta. Entonces, comencé a pensar en cumpleaños que han pasado. Todos recordamos nuestro cumpleaños (aunque a veces no queremos). Recuerdo que, de niña, el cumpleaños era algo que nos entusiasmada mucho. Se lo recordaba a mi madre con meses de anticipación, como si ella fuera a olvidarse. Mi pequeño cuerpo apenas podía contener la anticipación de aquel día esperado. Seguramente, todos recordamos las fiestas de cumpleaños, los regalos, las tarjetas, las tortas y a todos los amados que compartieron con nosotros ese día especial. Recuerdo especialmente mi cumpleaños número catorce.

Mi madre era mamá de tres, divorciada, y era una época difícil. Nunca había suficiente dinero. Así que, ese año en particular, no esperaba más que un "Feliz cumpleaños". Pero, de hecho, mi madre me organizó una gran fiesta. Vinieron todos mis amigos y los miembros de iglesia, trayendo regalos. Yo estaba sorprendida, abrumada y feliz. En mi mente infantil, sentí que estaba en el cielo; nada podría haber sido mejor incluso ahora, más de treinta años después, pensar en aquel día me trae lindos recuerdos.

Me pregunto cuánto más debiéramos celebrar el día en que morimos al pecado y fuimos enterrados en esa tumba acuosa, para salir con una nueva vida en nuestro Señor Jesucristo. Fue el día en que nuestras vidas se vieron completamente transformadas, asegurándonos que nunca más seríamos los mismos. ¡Qué celebración debiera ser! Imagina esa celebración de cumpleaños con la Santa Trinidad y los ángeles, todos festejando gozosamente con nosotros y por nosotros. Cada año debiéramos celebrar el día de nuestro bautismo; no con tortas y fiestas ostentosas, sino en rededicación, para volver a dar nuestra vida a Cristo, determinados a que la vieja persona del pecado siga enterrada. Es el momento de difundir el evangelio de nuestro Salvador para que otros puedan experimentar ese cumpleaños inolvidable. Celebremos, entonces, nuestro día de renacimiento con tal celo y anticipación, que apenas podamos contenernos; un día que señala el regreso de nuestro Señor. ¡Feliz cumpleaños!

VENESSIA STINVIL GUTIERREZ


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