Regresar

El perfume de tu vestimenta

Matutina para Android

Play/Pause Stop
"¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios!" (1 Juan 3: 1).

¡Qué exultante me siento, ante la revelación que me diste mientras leía esta mañana! Me diste el consuelo de tu amor, por el cual he estado desesperada. Respondiste a mi oración de comprender con mi corazón la magnitud de tu amor por mí, de saber por propia experiencia cuán completo es; y de que Dios mismo me llene y rebose, como prometiste en Efesios 3: 19. Me diste la experiencia de acudir a ti, y abriste los brazos y me dejaste abrazarte fuerte, como si fuera una niña. Me permitiste oler tu ropa, el perfume de tu vestimenta. Entonces, me envolviste con la calidez de tu capa, como hizo Booz con Rut. Me repetiste que nunca me dejarás ni me abandonarás, como prometiste en Josué 1: 5. Me dijiste que yo tampoco nunca tengo que dejarte. Me dijiste que podía quedarme allí, cubierta por tu capa, todo el tiempo que quisiera. Y como tú, el Dios todopoderoso, lo dices, sé que es cierto.

Me dejaste sentir el mismo gozo que María Magdalena debió haber sentido, cuando te adoró ungiendo tus pies con perfume, y derramando su amor y aprecio desde lo profundo de su corazón. Allí, en el Getsemaní, compraste el derecho a perdonar sus pecados, los cuales eran muchos. Me siento como María.

Tú, el gran Dios, que acabas de dejarme experimentar tu amor al envolver me en tu capa blanca de justicia, eres el mismo Hombre a quien abandonaron todos sus mejores amigos. El mismo Hombre cuyo corazón. Se quebrantó en el Jardín del Getsemaní, al comprar el derecho de dejarme abrazarte. Tú compraste el derecho a envolverme en la vestimenta de tu justicia y tu amor, tu fe y pureza. "Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre".

Hoy, al leer, entiendo lo que hiciste. La capa, el manto, la vestimenta, la túnica que pusiste a mi alrededor es la túnica de tu justicia. Oh, Jesús, y pensar que nunca necesito estar en ningún otro lugar que aquí contigo, habitando bajo tu cálido atuendo blanco. El precio es "simplemente para la entrega" que requiere aceptar tal regalo (Isa. 55: 1, Amplified Bible).

ELIZABETH BOYD


Envía tus saludos a: