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Bendiciones por cuatro

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"Pensamos en el fiel trabajo que hacen, las acciones de amor que realizan y la constante esperanza que tienen a causa de nuestro Señor Jesucristo" (1 Tes. 1: 3).

Cuatro mujeres extremadamente talentosas han sido de gran bendición para nuestra iglesia. Estas mujeres son la hermana L., una instructora bíblica; la hermana F., un ama de casa; la hermana E., una docente jubilada, y la hermana G., una profesora y oradora motivacional jubilada. Increíblemente, estas cuatro mujeres exhiben las mismas cualidades de oración y voz suave. Cada una de ellas trabajó durante muchos años, sin descanso, en la Escuela Sabática y en otros ministerios de la iglesia. Pero ahora, a causa de enfermedades, no pueden seguir enseñando regularmente.

Hace algunos años, muchos de la familia de la iglesia nos reunimos para rendirles homenaje con una "Canasta de flores", en la forma de canciones, poemas y música. Personas de diferentes edades, desde niños hasta adultos de edad mediana, presentaron sus tributos.

¡Qué legado han dejado estas cuatro damas a las mujeres de la iglesia de todas las edades! Vieron la necesidad y dieron todo de sí mismas. Mencionar lo que han hecho ocuparía todo el espacio permitido para este libro devocional. A través de los años, he tenido el privilegio de trabajar con toda ellas en distintas actividades, en diferentes ministerios. No parecen tener la palabra "No" en sus vocabularios. Cuando se les pide ayuda para alguna tarea, están ansiosas por hacer lo que puedan, y lo hacen con entusiasmo. La hermana G., por ejemplo, siempre está lista para dar una mano, ya sea presentando un tema en el Ministerio de la Mujer o enseñando una clase bíblica para toda la congregación.

Estas damas me recuerdan a las mujeres que estuvieron involucradas en el ministerio de Jesús mientras estuvo aquí, en la Tierra. Siempre ven lo bueno en todos. Su actitud amante y solidaria, su espíritu sufrido y sus palabras de ánimo hacen que sea una alegría estar cerca de ellas.

Es una bendición tenerlas con nosotros. Ahora estoy aprendiendo a seguir sus ejemplos. Oro para que, con la gracia de Dios, yo también llegue a ser así y pueda ser un buen ejemplo para las generaciones más jóvenes. Pablo nos exhorta: "Trabajen de buena gana en todo lo que hagan, como si fuera para el Señor y no para la gente" (Col. 3: 23).

Quiera Dios que cada una de nosotras hagamos todo lo que podamos para la gloria de Dios, como estas mujeres han hecho.

GLORIA P. HUTCHINSON


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