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Un encuentro con secuestradores

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"El Señor es un refugio para los oprimidos, un lugar seguro en tiempos difíciles” (Sal. 9: 9).

Era un jueves de tarde, y estaba sentada en mi sala de estar con unos amigos que habían venido a apoyarme tras la muerte de mi esposo, quien había fallecido hacía una semana y todavía estaba en la morgue. De repente, dos adolescentes armados entraron rápidamente, disparando y demandando que todos se echaran el suelo. Me apuntaron con sus armas y me ordenaron que los siguiera. Me llevaron a un colectivo que habían estacionado fuera de mi casa. Después de alrededor de una hora de viaje, me llevaron a un monte, donde conocía otros hombres y mujeres que también habían sido secuestrados.

Los secuestradores comenzaron a demandar una gran suma de dinero por mí. Les respondí con un par de preguntas: ¿Secuestran a viudas? ¿Secuestran a alguien por segunda vez? ¡No tengo el dinero que quieren!

Tomaron mi teléfono celular, pero llegaron varias llamadas de mis hijos, amigos, familiares y amigos del ministerio pidiendo que me soltaran. Cuando sus ruegos fueron fútiles, comencé a orar a mi Padre fiel, quien ve todas las cosas.

La vida no tiene sorpresas para Dios. Ningún camino le es desconocido, y ninguna circunstancia lo inquieta. Ya que el futuro está perfectamente claro para nuestro Dios, sus hijos tenemos la seguridad de poder seguirlo por donde nos guíe, ya sea que el camino pase por tormenta o por calma.

Toda esa noche llovió fuertemente sobre mí, y el Señor me protegió y me mantuvo sana. A la mañana siguiente, me sequé bajo el sol. Luego de algunos días en el monte, y del pago de una gran suma de dinero, ¡finalmente me liberaron!

Recientemente, los secuestros han sido un problema en mi país. La mayoría son trabajos en equipo, en los cuales los hombres jóvenes hacen el secuestro y algunas mujeres jóvenes los alimentan.

Estoy muy preocupada por los jóvenes de mi país… ¡y del tuyo! ¿Qué podemos hacer, para ayudarlos a tener vidas útiles? Por supuesto, podemos ayudar a procurar que tengan una crianza cristiana; podemos establecer amistades cálidas con adolescentes, saber quiénes son sus amigos, visitar y ayudar en sus escuelas. Como dice la Biblia: "¡Pero cuidado! Asegúrate de nunca olvidar lo que viste con tus propios ojos. ¡No dejes que esas experiencias se te borren de la mente mientras vivas! Y asegúrate de transmitirlas a tus hijos y a tus nietos" (Deut. 4: 9).

SAL OKWUBUNKA


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