Regresar

Dale todo a Dios

Matutina para Android

Play/Pause Stop
"Yo amo al Señor porque él escucha mi voz suplicante. Por cuanto él inclina a mí su oído, lo invocaré toda mi vida” (Տal. 116: 1, 2).

Era un sábado de noche, tarde, y acababa de volver a casa después de pasar un rato con algunos amigos. Mi vida estaba yendo bastante bien, pero me encontraba triste y hasta lloraba un poco, por sentir soledad. La vida de una mujer soltera no era lo que había imaginado para mí desde jovencita. Siempre había soñado con casarme y formar una familia. Como soy del tipo de persona que siempre trata de "arreglar" las cosas para todos, había pasado varios años tratando de arreglar esa soledad en mi vida. De más está decir que mis esfuerzos fallaron y me encontraba razonablemente feliz... pero sola.

Me dedicaba a la educación y había tenido la posibilidad de aprender un poco de psicología; en lo profundo, sabía que uno de mis problemas era que siempre trataba de hacer que las cosas funcionaran. Aunque eso puede ser algo bueno, no siempre está dentro de nuestras posibilidades el "arreglar" todo.

Finalmente, esa noche en mi casa, acostada, llorando, oré a Dios y le pedí que me ayudara a contentarme con estar soltera. Esa fue la primera vez en mi vida que había pronunciado esas palabras. Continué, agregando: "... o trae a alguien a mi vida". Generalmente, le pedía que trajera a alguien a mi vida para que me hiciera feliz. Me quedé dormida, y desperté la mañana siguiente con una visión un poquito diferente de la vida.

El lunes de tarde, recibí una llamada telefónica de un hombre que dijo que teníamos un amigo en común, y que le gustaría conocerme y salir a cenar. Yo acepté.

Comencé el martes sintiéndome un poco ansiosa y dudosa sobre tener una cita a ciegas a mi edad. Me convencí de que no perdía nada con una cita y de que, igualmente, lo más probable era que no me interesara en él.

Llegó el momento de nuestra primera cita. Al abrir la puerta, vi al hombre más amable, más gentil y más amante que hubiera conocido. Estaba allí, con una docena de rosas para mí. El resto es historia. Hemos estado casados por 17 años, y les digo a todos que "Dios me hizo un gran regalo, al poner a mi esposo en mi vida".

Agradezco a Dios cada día por unir nuestras vidas. Solo necesitaba entregar todo a Jesús.

KAREN J. JOHNSON


Envía tus saludos a: