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“Esto también pasará”

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"Si por la noche hay llanto, por la mañana habrá gritos de alegría" (Sal. 30: 5).

Hace tres años, tuve una caída terrible en el trabajo. Tuve que pasar por una cirugía, y luego, dos meses y medio sin apoyar peso alguno sobre mi pierna derecha. El dolor fue atroz, más de lo que pensé que podría soportar. Y la kinesiología, el cuidado en el hogar y la ayuda que necesitaba eran cosas extrañas para mí. Fue un verdadero desafío pasar por esta inversión de roles.

¿Cómo había terminado en esta situación? Muchas personas dieron sus opiniones sobre por qué Dios había permitido que sufriera una caída tan brutal. Me sentí como Job entre el montón de cenizas, mientras vociferaban sus razonamientos. Tenían buenas intenciones; sin embargo, no tenían idea de por qué Dios lo había permitido. Así como Job, tendría una audiencia con Dios cuando llegara el momento adecuado.

Yacía impotente en el hospital, teniendo que tocar un timbre para recibir ayuda, sin poder llegar al baño a tiempo, y dejando que alguien me limpiara y me vistiera. Esto era más de lo que podría haber imaginado. ¿Yo? ¡Sí, Shirley, TÚ! El pensamiento traía lágrimas a mis ojos. Recuerdo una noche en la que me sentía especialmente deprimida y desamparada. Mi enfermera lo notó y me preguntó. Cuál era el problema. Yo me lamenté por lo impotente que me sentía y ella, amablemente, me respondió: "Esto también pasará".

En ese momento, recordé que mi hijo me había traído el reproductor de CD/ DVD y mi CD preferido de música cristiana. Tenía esa canción: "Esto también pasará". Lo tomé, y escuché esa canción una y otra vez. Esta canción, la que siempre había salteado para llegar a mi canción preferida, ahora me resultaba muy preciosa. Necesitaba que alguien me recordara que el lugar en que estaba era temporal. Llegaría el día en que volvería a caminar.

El dolor y el sufrimiento forman parte de la vida cristiana. Los planes mejor trazados pueden salir mal: la muerte inesperada de un amado, los tropiezos de los hijos, y la lista continúa. Pero en medio de las situaciones y las circunstancias de la vida, Dios nos da la seguridad de que él está con nosotros; de que nunca nos dejará ni nos abandonará. Él es mi Torre inexpugnable, mi ayuda segura en momentos de angustia.

La vida tiene sus pruebas, pero el cristiano tiene al Espíritu del Dios viviente, quien lo acostumbra y ayuda a vencer las dificultades. "Si por la noche hay llanto, por la mañana habrá gritos de alegría". Anhelamos el día en que estas pruebas terminarán. Pero hasta entonces, nos aferraremos de la mano de Jesús. ¡Somos hijas del Rey de reyes!

SHIRLEY P. SCOTT


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