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Pon un poquito de amor en tu día

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"Esta es la oración al Dios de mi vida: que de día el Señor mande su amor y de noche su canto me acompañe" (Sal. 42: 8).

El sol de media tarde comenzaba a disminuir, y decidí hacer una pausa de la computadora, ante la cual había pasado la mayor parte del hermoso día soleado de invierno. Tomé un libro preferido, para leer un par de capítulos. Los rayos de sol parecían llamarme afuera y caminé por el patio, que ahora estaba cubierto por las sombras grises de la tarde. Sí, ansiaba la calidez del sol. En el extremo del patio, el sol brillaba sobre las naranjas que pendían de los árboles verde oscuro. La luz del sol, suave y cálida, permanecía sobre las ramas y en el césped alrededor de los árboles. Caminé hasta allí, para sentarme en una silleta para leer y empaparme de esa calidez. Pero no podía quedarme mucho tiempo; tenía que volver a mi trabajo. A poca distancia yacía Anneke, mi perra de raza Pastor Belga, guardiana del espacioso patio, quien me había seguido. Ella, simplemente, estaba allí, mirándome de tanto en tanto, dándome el espacio y la quietud que ansiaba. Sus grandes orejas negras estaban alerta ante cualquier ruido o peligro, sus suaves ojos ámbar me bañaban de amor.

Estaba presionada por fechas de entrega y múltiples actividades que no había terminado, así que podría haber vuelto a la casa para continuar mi trabajo. Pero, no lo hice. Me detuve y absorbí la vista de los magníficos árboles; noté la manera única en que cada naranja ocupaba su lugar, a veces meciéndose en la brisa. Permanecí un momento más bajo el sol y, luego, llamé a Anneke. Ella me saludó con una gran sonrisa canina y se acostó a mis pies. "Buen perro", le dije acariciándole la panza, algo que le encanta. La acaricié por algunos minutos, hablándole todo el tiempo. Luego caminamos juntas hacia la casa, esto siempre le alegra el día un poco. Y ella alegró mí día, también.

¡Negocios! ¡Fechas de entrega! ¡Boletas! ¡Llamadas telefónicas! ¡Correos electrónicos! Tienen la costumbre de infiltrarse en nuestra propia alma, no dejando lugar para la belleza, la bondad y la percepción. O al menos, haciéndolos esperar. No recordaré mi día ocupado, pero sí recordaré los pocos momentos que pasé bajo el sol saboreando la belleza de los naranjos, y acariciando y hablándole a Anneke.

He tomado la decisión de poner algunos momentos más de belleza, bondad y amor en cada día para mí, para mi familia, para las personas que me rodean; y para mi Dios. Y también para Anneke.

EDNA MAYE GALLINGTON


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