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El don de llenar huecos

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"Busqué a alguien que pudiera reconstruir la muralla de justicia que resguarda al país. Busqué a alguien que se pusiera en la brecha de la muralla" (Eze. 22: 30, NTV).

Acababa de comenzar a trabajar como terapeuta familiar voluntaria en Charis, un centro comunitario cristiano, en un pueblo diminuto y de muy pocos recursos económicos en Fife, Escocia. El equipo de oración me había invitado a una reunión vespertina, en la que orarían por mí y pedirían a Dios que bendijera mi ministerio. El día de la reunión fue muy ocupado y estábamos llegando tarde. Me sentía cansada, estresada y frustrada. Mientras manejábamos, me quejé porque sentía que lo único que hacía era "llenar huecos". Cada vez que me ofrecía como voluntaria para ayudar, decía: "Solo llenaré este hueco hasta que sepas qué quiere hacer cada persona". Y generalmente me gustaba hacerlo. Pero, de algún modo, sentía que mi identidad se había perdido en la etiqueta de "llenadora de huecos". Como si fuera algún tipo de producto de mantenimiento para el hogar.

El equipo de oración había estado orando específicamente por mí antes de la reunión. Llegaron con versículos bíblicos, mensajes, palabras de ánimo, bendiciones; y percepciones. Pero una mujer estaba un poco dubitativa.

-Sé que esto suena gracioso -dijo ella-, pero siento que Dios te está llamando a ser una "llenadora de huecos".

Qué interesante. Me acabo de quejar sobre ser uno de esos. Ella continuó:

-Quizá sea porque sin alguien que lene los huecos, las cosas se derrumbarían.

Miré las antiguas paredes del edificio, donde se habían apilado cuidadosamente piedras escocesas irregulares. No había forma de que encajaran perfectamente para detener el viento y el clima tormentoso, por lo que habían insertado argamasa entre las piedras, para que el edificio fuera seguro, fuerte y cálido. Miré la pequeña cruz de madera que estaba apoyada sobre una mesa. Sí, Jesús también había sido un maravilloso “llenador de huecos"; él llenó el hueco entre la tierra y el cielo, la muerte y la vida.

La mayoría de mis actividades como "llenadora de huecos" no eran valerosas, dramáticas o vitales para la vida. Una torta para un funeral. Un mantel recién lavado. Una bolsa de cepillos de dientes para un proyecto de ayuda a desamparados. La lectura bíblica. Un plato para el almuerzo a la canasta. Quizás algunas palabras de amistad y aliento. Una simple oración. Pero, aunque el "llenador de huecos" es invisible, también es esencial y requiere personas lo suficientemente flexibles para llenar huecos de diferentes tamaños como la argamasa en la pared de piedra.

Me pregunto si hay un don de llenar huecos, diseñado para quienes cumplimos este papel. Y tal vez Jesús diría: "Bienaventurados los 'llenadores de huecos', porque evitan que las cosas se derrumben" ¿Qué hueco te está pidiendo Dios que llenes hoy?

KAREN HOLFORD


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