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Soldado caídos, Salvador resucitado

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"No está aquí pues ha resucitado, tal como dijo. Vengan a ver el lugar donde lo pusieron" (Mat. 28: 6).

 Los informes de los medios de comunicación cuentan sobre soldados que dieron sus vidas por otros. Incontables soldados de los Estados Unidos, Canadá y otros países han muerto desde el comienzo de la guerra en Afganistán. Hombres y mujeres que lucharon por algo en que creían: una vida mejor. Muchos de los caídos eran niños, que pelearon sabiendo que estaban sacrificando sus vidas por sus conciudadanos. Aun así, sirvieron. Periodistas viajaron a países lejanos para informar sobre los esfuerzos de pacificación y las experiencias cotidianas de los soldados. Sin camas cómodas, sin aires acondicionados, sin jacuzzis, sin hockey. Lejos de sus amados, perdiéndose las fiestas, nacimientos de hijos y otros acontecimientos significativos de la vida. Algunos de los periodistas perdieron sus vidas en el proceso. Aun así, informaron.

La tragedia golpeó a Haití en enero de 2010, cuando fue devastada por un terremoto masivo. Miles de personas perdieron la vida. Los niños deambulaban, algunos heridos, sin padres. Los padres no sabían si sus hijos estaban muertos o vivos. Las familias fueron destrozadas; muchos no tenían los medios para enterrar a sus muertos. Hogares destruidos, sin trabajo y con solo la ropa que tenían puesta. Hermanos y hermanas cristianos estuvieron entre los que pelearon la buena batalla. Aun así, murieron.

Hay otra batalla desarrollándose más cerca de casa, y tu vida está en peligro. Vivimos en medio de la batalla entre el bien y el mal. Verás, la guerra comenzó en el cielo porque Lucifer (Satanás) quería ser como Dios; de hecho, él quería ser Dios. Luego, él y sus ángeles fueron arrojados a la tierra. Desde entonces, Lucifer ha peleado contra Dios. Lucifer tentó a nuestros antepasados y ellos pecaron, lo cual nos separó de Dios. Pero Dios, en su sabiduría, ya había diseñado un plan para salvarnos. Dios el Hijo no se aferró a su divinidad, se vistió de plena humanidad y vino a esta tierra como un bebé. Él sabía que salvarnos implicaba dar su vida. Aun así, vino.

Cuando llegó el momento, clavaron a Jesús a una cruz y él puso sobre sí lo que nosotros merecemos, con el propósito de que podamos tener vida eterna con él. Satanás pensó que había ganado, cuando vio a Jesús colgado entre el cielo y la tierra. Jesús fue puesto en una tumba vigilada por soldados romanos. Aun así, resucitó. Dios nos ama con un amor tan incondicional que entregó su vida por nosotros. Aun así, ¡vive!

SHARON (BROWN) LONG


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