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El Dios siempre presente

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“Torre inexpugnable es el nombre del Señor; a ella corren los justos y se ponen a salvo" (Prov. 18: 10).

Camino a Filipinas para la graduación de nuestra hija, pasé por China. Antes de salir, en Nueva York, el caballero en la puerta de embarque me dijo que no creía que yo pudiese viajara Filipinas sin una visa. "Busqué en Internet y llamé a la embajada, y me dijeron que no necesitaba una visa", le dije. Él no estaba convencido, y casi pierdo mi vuelo. Fui la última en embarcar, pero estaba feliz y agradecía Dios por estar en camino.

Cuando llegamos a China, teníamos que pasar por migraciones y la fila era muy larga. Fui a buscar a alguien que pudiera ayudarme, porque no quería perder mi conexión. A causa de la barrera del idioma, me volvieron a mandar a la primera fila. Finalmente, fui hasta adelante y les dije que tenía una conexión a Manila y perdería mi vuelo, si no pasaba inmediatamente por migraciones.

El oficial de migraciones miró mi boleto y dijo:

-Oh, señora, usted debe estar en la otra fila, ya que tiene la conexión a Manila en otro aeropuerto, ubicado a cuarenta minutos.

La aerolínea no me había informado que debía cambiar de aeropuerto en Beijing. Ahora estaba en pánico. ¿Qué haré en un país desconocido si pierdo mi vuelo?

Cuando llegué a la otra fila, la encargada no parecía apurada. Finalmente, entendió mi problema y se apuró por terminar el proceso. Mientras corría para tomar el colectivo, una mujer muy amable que hablaba inglés salió de la nada, me llevó hasta el colectivo y me dijo qué hacer.

Perdí mi vuelo, y no había otros vuelos a Manila ese día. Me dijeron que todos los vuelos estaban llenos por una semana completa, pero tratarían de ponerme en espera.

Entonces, volví a la oficina de United Airlines en el primer aeropuerto, pero no pudieron ayudarme. Estaba decepcionada. Luego, dije: "Dios sabe por qué perdí mi vuelo. Le dejo todo a él". Una amiga que conocí me ayudó a comprar un nuevo pasaje a Manila en otra aerolínea.

Esa noche, en la habitación de hotel, agradecía Dios por estar conmigo todo el camino desde Wáshington. Él está tratando de enseñarnos al pasar por ciertas experiencias, pero debemos recordar que siempre está con nosotros, trabajando de maneras que no podemos ni imaginar. Él puso a personas en mi camino para ayudarme. Si el día de hoy no está saliendo como ideaste, Dios todavía tiene un plan perfecto para ti. Él se encargará de tus necesidades. Encontré pruebas de esto. Y llegué a tiempo a la graduación.

JUDITH MWANSA


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