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El Cordero

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“Aarón se acercó al altar y degolló el becerro como sacrificio expiatorio por sí mismo" (Lev. 9: 8). “Después degollará al Cordero" (Lev. 14: 13). "Después degollará al Cordero del sacrificio por la culpa" (Lev. 14: 25). "Ninguno de ustedes deberá comer sangre, ni tampoco deberá comerla el extranjero que viva entre ustedes. [...] pues la vida de toda criatura está en su sangre" (Lev. 17: 12-14).

¿Cuándo has dedicado el tiempo necesario para leer realmente Levítico? Luego de leerlo, ¿pensaste en elevar una oración de agradecimiento por estar viviendo en la era postestamentaria?

La sangre es valiosa. Los hospitales tienen bancos de sangre para los pacientes en emergencias. Algunos estudiantes donan sangre regularmente, para tener un poco de dinero extra.

Al pensar sobre mi vida, temo que muchos corderitos perfectos e inocentes habrían tenido que sufrir por mis pecados, si yo hubiera vivido en la época del Antiguo Testamento. Hace varios años, cuando era secretaria de M. L. Andreasen, él se empeñaba en describir extensamente los servicios del Santuario y todos sus rituales. Una de las ilustraciones que usaba era decir a sus alumnos que lo imaginaran a él caminando por la ruta hacia el Templo, llevando un corderito. Se imaginó que sus hermanos en la fe dirían:

-¡Me pregunto qué habrá hecho ahora Andreasen!

Estoy agradecida de no tener que derramar sangre por mis pecados. Con solo ver sangre, me desmayo. Cuando voy al médico o a un hospital, debo asegurarme de advertir sobre mi problema. ¿Puedes imaginarte a alguien con mi padecimiento, teniendo que ver la sangre de un cordero cada vez que pecaba?

Cada día agradezco a Jesús por sus bendiciones. Su amoroso cuidado y protección, mi comida y agua, mis amados, las bendiciones de la camaradería con otros creyentes, la iglesia de Dios, sus regalos en la naturaleza, su labor que instruye, inspira, consuela y da esperanza para el futuro y sobre todo, por Jesús, el Cordero, quien derramó su sangre preciosa para mí, para que no tuviese que matar un corderito inocente para obtener perdón por mis pecados. "Cristo, por el contrario, al presentarse [...], entró una sola vez y para siempre en el Lugar Santísimo. No lo hizo con sangre de machos cabríos y becerros, sino con su propia sangre, logrando así un rescate eterno" (Heb. 9: 11, 12). ¡Todos podemos agradecer por eso!

RUBYE SUE


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