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Dios nos estaba guiando

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"Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti" (Sal. 32: 8).

Mi esposo y yo nos hemos sentido muy bendecidos a lo largo de los años por tener cinco hijos, ocho nietos y tres bisnietas. Cuando nos enteramos de que dos pequeños bisnietos estaban por sumarse a la familia, nos llenamos de gozo. Nacieron con ocho días de diferencia, en el mismo pueblo, a muchos kilómetros de nuestra casa de invierno, y estábamos determinados a ir a conocerlos. Tendríamos que viajar en avión, pero como las normativas aéreas habían cambiado desde la última vez que habíamos viajado, nos sentíamos un poco nerviosos. También, sabíamos que el pueblo al cual viajaríamos solía tener bastante niebla en invierno, pero oramos pidiendo dirección y comenzamos a hacer planes.

Nuestra primera sorpresa llegó al buscar precios de pasajes de avión; pero mi cuñada escuchó sobre una oferta increíble y esa información nos ahorró cuatrocientos pesos. ¡Qué gran bendición! Luego tuvimos que decidir cuándo salir y cuándo volver. Finalmente, decidimos salir un jueves, pero no nos decidíamos si volver un martes o un miércoles. Nuestra comunidad tendría una serie de reuniones de oración que no queríamos perdernos. Sabíamos que si volvíamos el miércoles estaríamos demasiado cansados para asistir, así que decidimos volver el martes.

El jueves fue un día agradable para viajar y hacer escalas, y el fin de semana largo fue un sueño. Fue maravilloso conocer a nuestros dos pequeños bisnietos, quienes eran muy dulces y mimosos. Sacamos muchas fotografías y, por supuesto, disfrutamos de pasar tiempo con los padres de los niñitos y con gran parte del resto de la familia. El tiempo pasó volando y, antes de que nos diéramos cuenta, era martes de mañana, y hora de regresar a nuestro hogar sureño. Pero siempre estaba dando vueltas por mi mente el miedo a que el aeropuerto estuviera cerrado por niebla temprano a la mañana. Sin embargo, al llegar vimos el cielo despejado y un bonito amanecer. Todo estaba bien. Cuando nuestra hija nos llamó a la mañana siguiente, dijo:

-Mamá, el aeropuerto está cerrado. Nunca podrían haber viajado hoy de mañana, a causa de la niebla.

Cuando estábamos organizando el viaje, Dios sabía que necesitaríamos volver el martes y sentí que él nos había guiado todo el tiempo. Te invito a entregar todos tus planes y preocupaciones a Dios, sabiendo que él conoce lo que nos espera en el futuro a cada uno de nosotros. Él dirigirá nuestros caminos.

ANNA MAY RADKE WATERS


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