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Trudy

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"No harán ningún daño ni estrago en todo mi monte santo, porque rebosará la tierra con el conocimiento del Señor como rebosa el mar con las aguas” (Isa. 11: 9).

Era noviembre y mi esposo, John, y yo estábamos realizando el largo viaje en auto desde Ontario, Canadá, hasta nuestro segundo hogar en West Palm Beach, Florida, Estados Unidos. Se había convertido en un viaje anual. Éramos "pájaros invernales", jubilados del norte que pasan el invierno en climas más cálidos. Viajábamos manejando, porque de esta manera era posible detenernos y visitar familiares y amigos en el trayecto. Ahora estábamos yendo a ver a mi hermana en Maryland.

Mientras avanzábamos por un camino largo y desparejo hasta su casa en el bosque, nos maravilló ver un centinela emplumado que bloqueaba nuestro camino. Era un pavo salvaje muy grande, de más de un metro de alto, con su plumaje tornasolado en marrón y violeta, parado directamente frente a nosotros.

Estábamos bloqueados y no podíamos movernos. Mi esposo sugirió que abriera mi puerta para distraer al ave. Pero el pavo era demasiado inteligente para caer en esa trampa; se fue hasta la puerta del conductor y espió adentro del auto. Podíamos ver su pico rojo y la cabeza azul grisácea por la ventanilla.

Entonces, se nos ocurrió un plan. Alimentamos al pavo con una manzana, luego con un poco de pan y, finalmente, un trozo de coliflor. Mientras comía, logramos llegar a la casa.

Cuando mi hermana nos escuchó explicar la razón de nuestra tardanza, sonrió y nos contó que a causa del ave había cancelado su sistema de seguridad. Ningún desconocido podía entrar en su propiedad mientras estuviera allí. Descubrimos que mi hermana había nombrado al ave Trudy. Quizá porque en Alemania, nuestro país de origen, un pavo macho es un Trudhahn y un pavo hembra es una Trudhenne.

Como nos quedamos unos días, Trudy llegó a conocernos. Nos seguía a todas partes. Parecíamos familia. Incluso el gato abandonado de tres patas dejaba a Trudy comer su comida. Comencé a pensar cómo será la Tierra Nueva, donde no habrá dolor ni destrucción.

Isaías 11: 6 dice que "el lobo vivirá con el cordero, el leopardo se echará con el cabrito, y juntos andarán el ternero y el cachorro de león, y un niño pequeño los guiará". Mi paráfrasis es: Llegará el momento en que no solo el león comerá con el cordero, sino también el pavo comerá con el gato y un niñito los guiará a todos. No puedo esperar a ver la Tierra Nueva restaurada. ¿Y tú?

EMILIE HOWARD


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